31 jul. 2011

Labra

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Quizás, quizás a él le cobras más. Quizás ella es tu amiga, quizás es tu hermana. Te llama alguien justo cuando terminamos, te subes el sostén. Yo quería quedarme adentro más tiempo. Y me dices vamos, y me dices que estuvo rico. Yo te pregunto en verdad y tu me dices sí, no confío realmente en tu respuesta, pues no percibí un orgasmo en tus gemidos. Llegamos. Yo te digo acá te dejo mientras veo a tus amigas correr a tu encuentro, a buscarte, diez metros más allá. Van a comer algo. Las veo, son hermosas igual que tú, pero rubias, tan altas, quizás más ahombradas, quizás menos Javieras. Yo te quiero a ti de hace dos años aunque parezcas hombre. Tu cara no es de hombre pero eres muy alta. Todas tus operaciones saltan a decir: fuimos realizadas.

Te bajas, y las saludas, sin abrazos, sin beso. Dices: voy a buscar mi chaleco. Te dicen vamos y todas corren a una esquina de un edifico a buscar tu chaleco. Tu vestido fue y es el de siempre, con una argolla en el vientre, que dice: Javiera. Una O detrás de Javiera y de Peñaloza y de Labra.


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Para Dos Seres Queridos.



Me gustaría decir, entre tan poco
que te amo y quiero visitarte
en tu casa,
con sus muertes encima
con tu pena abismal por la muerte de tu abuelito
con tu desengaño abrazador por el descarte de tu padre
quisiera decirte, entre todas las cosas
que te entiendo y caigo contigo
en el palpitar triste de las familias que no funcionaron totalmente
en el avance lentamente violento de los sentimientos

Él te hubiera ayudado a hacer esos trámites
pero tuviste que hacerlos sola y yo no te ayudé
porque estamos parcialmente separados
y yo te extraño tanto
y sé que nos vamos a juntar de nuevo
y el milagro del amor reabrirá los buenos tiempos.

Mi amor, este paso de los hombres por la tierra
esa pregunta persistente por la ultratumba
son, al lado nuestro, ricas y urgentes preocupaciones
caminos que se abren con gigantes incógnitas de tierra.

Nuestra pregunta es sagrada
y el tormento que cae cuando nos damos cuenta
es sagrado también, es el cielo gigante
al que miramos buscando a ese dios
que por lo menos echamos de menos.

Te amo, hermosa, vientre que me espera
Las tragedias suceden tantas veces entre multitudes,
y mientras algunos transeúntes llevan encima ese mismo cielo,
nosotros acariciamos el recuerdo doloroso
que hace al presente envolver tanto sentido.

Esta vida contigo, hermosa
es un regalo tan bello;
como la pena sin razón
como el despertar con calma
y ver el día abriéndose como una flor
Contigo abro los ojos como floreciendo
y miro, más lejos, el aire totalmente transparente
que respiraremos juntos más adelante.

Mi hermano está muy triste, de verdad
a él la realidad le cae encima torrencialmente
Gracias a Dios por su inteligencia
por su relativa templanza y sentido del humor.
Quisiera ayudarlo de golpe, decirle
mañana, mañana, mañana
día que empieza
tu mente es hermosa
y tus sentimientos tan puros, inevitables
imprescindibles.

A él también lo amo muchísimo
y se parece a nosotros a veces
cuando pelea consigo mismo
o contra el sueño y los días,
enormes páginas de luz
donde se escribe una historia velada.



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Al fin mi casa está abandonada. Han salido de vacaciones los integrantes de mi familia. Hecho de menos a mi madre caminando sonámbula en busca de comida, a la tina inundada en pelos de mi hermano, los líquidos derramados en la cocina, secos porque nadie los saca. Hecho de menos el ruido de la madera con los pasos, hecho de menos los pasos. Cuando mi casa está abandonada, un nuevo orden prolifera. Las alfombras exhiben sus manchas, la capa de cera en los suelos es más transparente, los animales gritan menos y la temperatura es más homogénea. Las puertas están cerradas o abiertas pero no entremedio, y los perros no entran en busca de comida ni me siguen a mi pieza cuando me llevo un plato. El refrigerador es abundante mientras las cosas vencen, nadie las toma porque algunas siempre fueron inútiles, compradas por si acaso, por si hambre a deshora, por si la gula seduce la boca seca de las farras.

Acaso las cosas derramadas son el mayor palpitar de esta casa, en ellas se presiente un tránsito errático y acomodado, descuidado y acostumbrado. Esos derrames, los líquidos todavía brillan. Esos derrames significan que tendrán que ser limpiados. Habrá alguien limpiando mañana. Ni siquiera se asoman las cacas de los animales, porque ya no buscan compañía, salen de vagabundos o se quedan afuera. Muchos de ellos están viejos y gordos. Duermen mucho y en el mismo lugar por meses, luego buscan otro y otro, cada uno siempre disponible y con diferentes beneficios. Cerca de la estufa, cerca de la pared que colinda con el horno de la calefacción, encima de un montón de ropa usada, encima de una habitada cama. Hoy nada de eso les interesa, pues no se cumplen las medidas que activan las comodidades de la casa, ni siquiera para los animales, ahora empiezan a mirar a los pájaros. Los jóvenes tratan de cazarlos sin lograrlo. Se persiguen unos a otros y se aburren de ladrarle al silencio, que suena por contraste.

No hay a quién robarle cigarros, ni a quien abrirle la puerta para decir nada. No hay conflictos ni frustraciones, todo es demasiado fácil. Esta casa desnutrida, tienen que acabarse las vacaciones.



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