24 dic. 2011

Dia

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Al despertar a un día de sol y con nubes pasando rápido,
abro la ventana y siento palpitar la luz y el viento.
Puedo envolver este día de nuevo en el sueño,
seguir en la cama, dejándome oscilar entre el sueño y la vida
apartando la decisión de levantarme.







La mañana tiene su manera de ofrecérsenos,
golpea las puertas de la cara
como demoliendo la lucidez
no soy yo en la mañana
después de haber pasado de largo.







Ahora esta oportunidad de salvar el tiempo
encerrándolo
esta mujer al lado llorando por dejarme
este llanto que es mentira y sin querer
esta noche iluminada, un lente de agua
noche tras la cual hasta la sombra se esconde
este pedazo de tranquilidad
esto
es
mi traspaso por una puta.







El amanecer, su violento subrayar a las siluetas:
la violenta diferenciación de las cosas
sus reflejos devastadores en los techos y grandes carteles metálicos.
¡Cómo ilumina a los animales atropellados durante la noche!
¡Cómo revela el gesto en los rostros que han pasado la noche despiertos,
acusa sus colores su cansancio!
Su pregunta, su transparencia.
Son tantas capas transparentes para al final chocar con la opacidad de un muro.
La luz es opaca, la sombra es transparente.
Sumerge en su oscuridad cualquier sospecha.
Deja pasar el trémulo negro a través de todo,
como un manto suave y liviano que cae.
Pero la luz acusa mi día
con su dedo apunta cuenta las cosas.







La roca cae sin sonido montaña abajo.
Los días pasan como páginas de luz,
como gigantes páginas de luz.
Esta gran lluvia de sonidos, arañas y zancudos: las primeras puertas en abrirse.
Los pájaros, aves que a veces maldigo por hacer tanto ruido en las mañanas.
No dejo que avance el tiempo, no me dejo recordar sueños así.
La despoblada aldea cerrada de la cabeza no contratará a agrimensor alguno,
porque sin querer nacieron en ella todas esas tierras,
sin querer tanta imagen irreconociblemente familiar,
tanta luz involuntaria adentro
y fuera el amanecer que se viene encima
como una marea
como una corriente,
como una especie que emigra hacia otro clima.







La noche se drena con la luz y las lluvias blancas del amanecer.
La noche puede evitarse durmiendo en el día.
La noche no quiere cegarnos, sino que necesitamos ese tiempo para esconder los cadáveres bajo los párpados, en el archivo recuperado del basurero vaciado.
En alguna glándula transita un pequeño miedo, una insignificante instancia de vergüenza o de autorrepresentación.
Clan de la dispersión, del penoso arrastre de las relaciones.
Como enfermos terminales: sin cura y que hay que cuidar.








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21 dic. 2011

Pabellón 3

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Pabellón 3

fuerza,
de todo
fuga de nervios
lo pasamos espléndido
pero nadie ahí es
estupendo

solo una atención constante
a las ventanas

las frentes
apoyadas en el vidrio
no alcanzamos a prosperar
ni a estar felices
pero hay una cabra dando vueltas
y nos visita de vez en cuando


Pabellón 3

los sordos gritan
y quedan mudos
luego gritan
de otras formas
con gestos que se van instalando
para siempre

la resignación expresiva
o la comunicación desesperada


Pabellón Mío

otras cosas
nos vaciamos
nos drenamos
y nos ponemos vulnerables

el decir, todo el decir es vergüenza


Pabellón 3

vergüenza y nervio
que son suficientes, luces
luces, luces


Pabellón 3

despertar llorando
porque el salón,
porque la tarde,
el dormitorio, el conchasumadre

despertar llorando
porque no hay nadie diferente en
alguno de los veinte catres.


Pabellón 3

los colchones acumulados
las sábanas y mantos
los cubrecamas
la frazada extra

el mañana
el tarro
el gorro
las monedas


Pabellón 3

el ruido de la palabra
que no se dice

el ruido de dormir
y de mañana


Pabellón 3

lluvia intermitente
rutina de alimentación con panes redondos
mantequilla, cazuelas, leche

sin novedades en la conducta
pediculosis


Pabellón 3

filas hacia una puerta cerrada
ventana con barrotes
el día y el patio
¡están ahí mismo!
pero las visitas son pocas

salir al patio cada semana
asistidos por
tías.


Pabellón 3

Nada macabro
todo tierno y tenso
por el flujo violento,
que es posible abrir,
debido a frustraciones
ataques, aburrimientos
autoreprobación
desafíos, amenazas
defensas, descargos






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Trayecto

Algarrobo - Santiago, Lun 25/07/2010



Las rocas iluminadas, un gris amarillento,
montañas blancas nunca antes nevadas
por los inviernos.
La hacienda con la virgen del cerro,
los accidentes, el ancho de chile visible entero,
los carabineros controlando,
las cientos de salidas.
La viña indómita y los peajes demasiado caros,
lentos, sus funcionarios mal pagados.
Había llovido el día anterior, casi una tormenta
y ahora su rastro trasparente , blanco, húmedo.
El barro, el contraste, las líneas de árboles
bordeando la entrada a una parcela, a un campo
Las líneas de árboles, los arbustos, los árboles,
sin importar sus nombres, masas verdes y húmedas
que no alcanzan a entrar en mis narices resfriadas.
Santiago acercándose, los humos a lo lejos.
¡El smog es un color como un incendio
es un espectáculo!




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14 dic. 2011

5.000

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Una lánguida y triste calma suele caerme cuando paso a echar bencina. El contador está en cero. Miro el rostro rojo en el billete que me dice: "Ahora no veo ni cuna ni niño, y el mundo me tengo por desvanecido. Grito a quien me ha dado el mundo y el hijo, y despierto entonces de mi propio grito." El silencio que aparece al apagar el auto se me acuesta encima. Solo una lívida, blanca pena me pondrá a dormir. Un sueño mudo y el abismo. La calle se agrieta con mis negros pensamientos.

Cuando te hablo siento que mis palabras caen a ti como en un libro roto, o atravesado por alguna lluvia que arrastró toda su tinta, de las dos formas ilegible. Cuando te hablo siento mi discurso como un balbuceo, como cuando en un sueño no sale la voz, el grito, los pasos. Cuando te hablo me deshago en esfuerzos por sonar esperanzador y reabrir tu amor por mí, pero esa fuente está drenada, seca como una pasa, o, te pregunto, apresada, contenida, ahorcado por tu orgullo, por tu miedo a que yo ocupe de nuevo tu alma.

Ah y el billete rojo que se va de las manos, la llave que llega de vuelta junto con la blanca boleta. El billete rojo que entrego y las luces rojas que vendrán, las lentas frenadas con su chillido. La roja cascada que emana de tu zorra enferma. Y yo soy de los que para quien es un frenesí lamer esos pliegues durante esos días.

Ah y tu zorra y tus tetas, y tu culo y tu boca, preciosos, perfectos, como una tijera, como un veneno, una extendida colina de pasto azul. No pude tocarlos hoy y cuando me ves llorando callado en la ventana te haces la tonta, tienes sueño y trabajo mañana. Luego cuando te vas te dejo en la puerta de tu auto. Vuelvo a mi casa y cierro con un portazo sinfónico. Me arrepiento de mi reacción y te mando un mensaje de rabia, de pena hambrienta, a ver si llega alguna respuesta. Me asusto, ya voy en mi auto camino a tu casa, siguiéndote, gritándole a las luces rojas, llamándote, cinco, seis, siete veces y contestas. Te hablo con llanto para que te compadezcas, te explico lo mucho que he hecho por recuperar tu amor, todo el orgullo que me he tragado ante tu intermitente indiferencia, pero me sigues diciendo te amo cuando culiamos, y después de nuevo, y entremedio de una y otra también.

Voy llegando a tu casa, tu estas saliendo del auto, desconectando los cables del ventilador que se queda pegado. Ven, sube, y sigue el discurso; que te amo, que tu también porque te gusta verme porque me sigues llamando y dándome la parte, entonces por qué esas repentinas estocadas de indiferencia. Pero si no te pido apoyo, no te pido contención, solo una mano en la rodilla, cuando el mundo se me derrumba. Solo unas palabras de empatía cuando se me muere el perro, cuando imagine tristemente el ocaso de los que amo. Pero todo es así, mostrar debilidad es entregar poder, y cuando de ese poder te aburres, lo botas. Yo me quedo con no se qué, con deseo de desvanecerme, de dormir cincuenta días y llorar treinta más. Me quedo manejando de vuelta, con un beso en la mejilla que me dejaste. Y yo que quería una chupada de pico a cambio del caño que te guardé, el que fumamos hoy día.



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11 dic. 2011

Choque, Excusa, Abrirán nuevos bares

Trés poemas inconexos
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Choque


El gesto congelado de una enfermedad.
Un gesto congelado me recuerda lo
palpitante que es el paso por el cuerpo.
Todos arqueamos la boca, abrimos los
ojos, miramos al lado y saludamos
desesperados.
Todos buscamos manos y lamentamos
los finales;
de un buen rato
de una vida
una mascota
un gato atropellado
en frente, recién.

Una línea de no cruzar
porque un choque puede ocurrir.

El cuerpo
El cuerpo tirado
después de un accidente
con su manto encima.
¡Son uno!
Todavía no llega la familia
y la piel se pega al plástico
por condensación.

La manta naranja de la muerte
Tú no tienes dónde caer.







Excusa


Rompemos los vidrios sin recoger los pedazos. Derramamos sin secar y fumamos sin ventilar, con tos. No hemos despertado mientras en el centro de la ciudad marchan miles, avanzan, el club de la corriente. Soy otro, exaltado pero indeciso, prepotente y vacío, cada vez menos. Sin embargo, ese espectáculo, la infección marchando por mi voluntad, es para mí abrazador e inevitable, inmovilizador. Me desnutro, marchantes, me he deshecho antes de salir a la calle. Y es así, conmigo, como se opacan generaciones, pueblos, tiempos. Un motor dando pana.








Abrirán nuevos bares


A pesar de la noche sin viento
y de los gatos.
Los motores que siguen funcionando
los hospitales y bencineras abiertas
más caros que nunca.

A pesar de ti y tu odio,
de cómo me has transformado
en el pozo árido de tu decepción,
mañana se llenarán de nuevo los parques,
se reabrirán los gritos
y despertarán juntos mil matrimonios.

La alfombra humana seguirá
enferma y condenada
sin esconder más
que una cicatriz en el terreno,
pero
abrirán nuevos bares
gente todavía dejará buenas propinas
limosnas
y los talleres de mecánica automotriz
abrirán de nuevo
estridentes
aceitados
negros.




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El ciruelo negro oscila y otros pedazos

Transcripción semi arbitraria de apuntes cortos

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El ciruelo negro oscila,
una oscura puerta flotante.




contando pelos
cada uno contra un pedazo de aire
diferente




La lluvia de humanos
una violenta toma de conciencia.




Esta máquina al lado mío
luz de la piel.




Entrego mi materia a los gusanos que despejarán
mi esqueleto develándolo ante nada más que a la
oscuridad de la tierra, el aire poblado de la ataúd.




El botón más gastado de un ascensor
es siempre el para cerrar las puertas.




En mi casa un silencio perfectamente amenazador. El sonido de una cuchara contra losa delata a mi madre comiendo en el baño. Helado, todas las noches, ¿por qué no engorda?




"eres un patúo que se despierta a las cuatro

prefieres vivir la vida acostado en vez que de pie"




El cuerpo que está a mi lado inconsciente.




Recuerdo desde aquí la cara, las tetas, el culo, la vagina, el amor de mi mujer que duerme en la pieza contigua. Me vine a fumar unos cigarros. Allá le dejé la ventana cerrada porque estaba entrando la helada. Acá, bueno, nada, escribiendo, a ver si me da sueño.




Quiero sacarte a fiestas,
ahora que se acabó la noche,
ahora que fracasé con gracia.




Yo no marcho por el amor ni por la verdad,
espero que la pena no pese tanto,
sino que florezca con la vegetación.




Todos en mi casa despiertan llorando,
menos T. que no despierta hasta la tarde,
alcanzan sus medicinas
welbutrín y zolpidem
rabotríl y seroquel.
Mi madre con desastrada cara
parece borracha cuando dice:
"Buenos días."




Los perros
que están
al frente de la blanca
municipalidad
un domingo
cuando nadie va
ni viene ni espera.
Los perros solos
dos perros
merodeando en la entrada.




No he entrado a la ducha en dos semanas
C. no ha querido venir a dormir
solo ha permitido
citas en su auto
donde no cabe el sexo,
maldito suzuki maruti.




Dar vueltas por mi casa pensando
¿Qué he extraído de todo esto?
¿Cómo destilar esta niebla?
¿Por qué no me ha llamado?
Le he dado demasiado poder,
trazó su país en el centro de mi orgullo.




Quiero colgar campanas a los árboles,
cuidarlos, cortarlos, quemarlos.
Quiero hacer de mi vida un pedazo de aire,
reciclable.
Quiero pedirle ayuda a los siglos;
que martilleen más fuerte
que claven más remordimientos.




Espero el sueño escuchando
la noche: un arpa sin cuerdas,
un desmayo sin caída.

Todo es violencia en mi cabeza;
un fluido estruendoso
de dolor y derrota.

He cortado los callos de mis pies
con un cuchillo
para mascarlos un rato,
irlos triturando de a poco
y luego escupirlos
en el cenicero.




Mirar desde el agua hacia afuera
desde el órgano más interior,
el por más órganos rodeado,
el más oscuro y sumergido.

Navidad

Procesión




La súbita entrada de la verdad,
la violencia de darse cuenta
que las deudas se acumulan y arrastran
desde la luz a la descendencia.




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Toilette

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en el baño
un enjuague bucal derramado en el suelo
junto a pelos sobre baldosas blancas

el líquido azul fluorescente
se está secando
se está secando el baño
hay una ampolleta de seis funcionando
es un baño de bien pero descuidado

un baño que ocupamos tres
y limpia una

¿por qué ha dejado
ese enjuague bucal derramado
ya por cuatro días?

¿cambiaré las ampolletas?
a mi no me ha molestado,
esconde las espinillas.

ahí van las hormigas
por los surcos
que separan las baldosas

el agua se pega

los humanos somos
agua oscura
una caverna acuosa
e insondable por dentro
si no es con intrusos instrumentos
médicos, mutilación
o autopsias, que no cuenta.

nada cuenta
solo huéspedes microscópicos
enfermedades

la música espera
en la pieza de al lado

para no interrumpirla:
no prendo la llave
ni tiro la cadena

eso muerto y levantado
desde el papel a la atmósfera
por donde se propaga

sí, la historia reconsiderada
sí, la conducta velada

el deseo: decapitado

sí, la vergüenza transformada
en dardo

el brazo: roto
la flecha: doblada
la clave: olvidada
la llave: sin referencia

¡y! austeridad relativa

no reconocimiento
enfocar en la oscuridad.



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8 dic. 2011

Hoyo

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Que la boca sea un hoyo
separado del gesto.
Que parezca un hoyo más en el cuerpo.
Que no sirva para hablar,
los basureros no escupen.
Que caigan en ella cosas
como arrastradas en un día de lluvia
por los costados de las calles
hasta las alcantarillas.
Colillas, boletas, hojas, peste.
Envoltorios, ramas, pelos, tifus.
Todo en un hoyo vacío.
Un hoyo solo, ¿dónde está eso?
Un hoyo sin paredes, la boca.
Un yo, un hoyo, un claustro en el aire.

Que la boca se abra para decir un hoyo.
Para ser llenada como un estanque,
para guardar aguas servidas,
con sus microorganismos y enfermedades.
Que la boca acumule hedores
que se huelan con el alma.
Que la boca guarde traumas
y no diga más que ahogos.
Que esté abierta siempre,
que no hable, que se abra.
Que al fin la palabra
no sea más que un hoyo,
una ausencia, una maleta abandonada.
Y cuando hayamos tocado el vacío
sea ella la que nos recuerde
que apenas dijimos casi nada,
que así pasa, que no hay calma.


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Für Alina

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Alina:

Cortaré todas las cuerdas de tu piano.
Veneno en los aliños. Haré de tus jornadas
una plegaria de incendios y derrumbes.
Cambiaré tu sal por vidrios. Robaré tus
libros y mancharé tus cuadros con petróleo.
Asustaré a tu madre simulando en su
departamento un atraco para acelerar su
muerte. Un ataque cardiaco sea bienvenido
a mi lista de crímenes. Ya no soy yo, tu sabes,
he cambiado. Habla a través de mí el mal de
mil siglos. Tú me contactaste con él, mi guía.
Ya no quiere verte tampoco. No queremos
verte pero sí opacarte, disolverte en tinieblas
y arrancarte de tu relativo éxito. Será un
placer verte morir con nosotros.

Lázaro
11/02/2010



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Tu Eres El Imperio (fragmento)

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Convocados presentes, la ciudad está a sus pies y aunque es resbalosa pueden recorrerla sin cuidado, sin o si es que creyendo. Pueden estornudar y patinar en ella. Pueden inyectarse conciencia por un momento, al ver a sus vagabundos y drogadictos. Ustedes tienen el tenedor abierto, el bufé libre de adicciones. Un descompromiso tremendo pero también un privilegio.
    Suyo el imperio
    Suyo es el imperio
Suya es la calma al destruir y el derecho a soberbia al construir.
Suya es la boca que pronuncia el discurso
Suyos sus gustos y músculos, su saliva y glándulas.
Suyos los nuevos dientes y los viejos también si los guardan.

He ordenado a mis agentes garantizar vuestra permanencia, imperecederos.

Suya es su piel; perfórenla si quieren, entíntenla,
             véndanla, córtenla, tóquenla y
             déjenla ser tocada, ejercítenla,
             manténgala tensa a medida que envejezcan.
             Conozcan sus protuberancias, costras, juanetes,
             pelos y uñas encarnadas, sus arrugas, espinillas,
             cicatrices, sus vergüenzas.
             Conozcan el curso de las venas que sobresalen.
           
             Imagínense, hacia dentro, la continuidad de sus huesos.
             Observen los pliegues que aparecen cuando mueven sus
             articulaciones, cuando tocan contra algo.
             Su piel; observen como se seca, sumérjanla en pegamento,
             colafrías, neoprenos, ropa.
             Hagan de ella un mapa sin nombres.
             Cuélguenla de ganchos, arneses, cuerda.
             Cúbranla de hojas, reemplácenla por corteza de árbol.
             Fumíguenla, déjenla ser llovida, nevada por la intemperie.
             Rastreen su decadencia, sean cómplices de su dudosa
             apariencia, sométanla a exámenes médicos, aunque
             haya que esperar y pagar.
             Localicen sus lunares; benignos o cancerígenos,
             opérense esos últimos, guárdenlos en un frasco.
                 
             Imagínense hacia dentro, la continuidad interna
             de su aspecto,   ¿Responde a aquellas vísceras
                                        su gesto?
             ¿Responde a esa oscuridad tremenda su envoltorio?
             ¿Acaso no está al tanto de la noche permanente
             que su piel esconde?
             ¿Acaso no sabe que por dentro somos negros?
           
             Bajo esa piel, en esa oscuridad,
             acontecen las más violentas batallas.




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