1 dic. 2010

Interruptor

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Insomnio de Viernes a Sábado 9 de Mayo, 2009


Traté de comenzar algo varias veces durante la noche
pero no desembocaba, ni me dejaba llevar,
solo me quedaba preguntando
qué tenía que decirme
y cómo abordarlo.
Aunque sé que eso no importa
y que escribir va a ser siempre una pelea
contra la nada y el momento
que te dice cállate, nada vale la pena,
he decidido empezar de nuevo.
Lo que sucede es que mis sentimientos me sobrepasan
estoy demasiado abrumado
y decido fumar un caño.

Todo está tan triste,
a la nada hay que decírselo mil veces
y nada aún.
En cambio si fuera a ti,
se evaporaría al transformarse
el pensamiento en palabra.
Pero nada de eso importa
a esta hora.
Me parece,
que debería pasar este día en cama,
el insomnio me ha enfermado,
pero no tendré visitas, ni llamados.
Dormir todo el día,
nada más.

Tendremos las mismas preguntas
mañana, me digo
tratando de dar seriedad al asunto.
Pero no puedo creer la seriedad entre personas.
Sé cual hoyo seco es la prisión de uno mismo,
y por lo mismo, tratar de comunicarse difusamente,
decidir liviano la forma de comprenderte.
Sí con la máxima atención,
y el reparo, siempre preguntarte lo siguiente
sin ser weón claro está.
Uno de mis principales valores: la empatía.

Tareas,
hay que seguir
con el aire
con la angustia
llevarlos encima
dejándose aplastar
hasta desparramarse.
Que corran
la mugre y los líquidos
por la corriente tuya
y se lleven los recuerdos
del aire,
de la angustia,
hasta la cascada
de una tierra ahora plana.

No detengamos
nada
Cuando nos equivoquemos
olvidemos lo que fue correcto
Y volvamos a oler
un rostro extraño
amenazante
con cavidades disponibles
para cual globo ocular
que se inflará
próximo.

A quien pena,
no lo verán en los anuncios.
Estará esperando, nos hemos
embrutecido
y organizado
pacientemente
en una escalera
de penurias.
Nos han obligado
a resolver todo
antes de empezar,
a posponer nos han
propuesto vida
a cambio de la
que nos quitaron.

Por qué me comienza a dar sueño
quién me ofrece este trago
después de tanto malestar.
Qué lo demoró tanto,
un enemigo
o su propio mal desempeño.
Dormir, a estas alturas,
es un mensaje,
un invitación despiadada
y por pena.
Como si el anfitrión
se arrepintiera
de no haberme invitado
a su fiesta,
macabra.
Esta celebración,
anónima y
siempre en la pieza contigua,
será la cobarde razón de mi despido.
Debí explicar, que no he podido dormir en ocho horas,
habiendo empezado a tratar a las dos de la mañana.
Me siento culpable,
y perderé todo el día durmiendo,
como si estuviera enfermo,
pero sin nadie que venga a verme.

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26 oct. 2010

Cosas, Tigre de Bengala.

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Bajo la mirada
al pasar entre una familia
que cocina en un angosto pasillo.


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Vi una concha fosilizada
que por estar rota en un costado
dejaba ver un manto de cristales
que habían crecido en su interior.


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Entre las grietas del valle
(brazos de agua que parten las montañas)
cruza un cuerpo liviano.
Lo veo asomarse por un balcón,
pararse sobre los dedos de los pies
alzando el culo.


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Una tormenta se desvió
después de haber rosado la ciudad.
Miré su negra puerta de nubes
desde un paso sobre nivel,
un puente mercado sobre la calle.


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Una moneda avanza rodando hacia la alcantarilla.
Miro como rueda y a su dueña que la pisa de pronto.


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Existe una botella de whisky local
que no lleva identificación rodeándola,
pero sí una serpiente adentro
que con los ojos blancos y la boca flácida
muerde a veces a algún otro animal.
He visto que sea una serpiente menor
o un alacrán o araña.
Un vendedor me dio a probar
era solo whisky suave y barato
pero vendido caro.


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El feto muerto de dos cabezas
envuelto en un paño rojo con oraciones.


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Las dos abejas petrificadas en miel
dura y brillante, envasadas en un
recipiente de plástico con forma
de cúpula.


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Es seguro que son falsas
las antigüedades
la piel de tigre
el blanco cuerpo de las calles
tarde cuando corran las posas
y la gente se apure
para cruzar, para llegar a casa.


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Cuando el cielo se levante
antes que yo y te reciba.


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2.



Puedo comprar un tigre muerto
sin ojos, sin agua corriendo por su cuerpo
y devolverlo a su divina reserva,
a caminar, al acechar a su alimento.

Puedo matar a un tigre
comprando su muerte
comprándolo cazado.
Pero si pago por la muerte de un tigre
no lo habré hecho
para decorar mis obras
sino
para hacerlo dios de nuevo,
hacer que su muerte
circule como sangre
en las venas de mi alma triste.

Porque cuando vi su cabeza muerta
estirada en el móvil quiosco
junto a monedas, tallados, estampillas,
lloré un segundo sin pensar en las alfombras,
en los trofeos de cazadores
o en la energía sagrada
que los chinos buscan al comer su carne.
No vi crimen,
ya no había carne dándole palpite a ese pelaje.
No vi extinción ni asesinato,
no vi codicia en el acto de sus anónimos victimarios.
Solo vi la muerte, sola,
la muerte de ese tigre de Bengala,
la muerte de un dios
diciéndome, sin querer,
que la comprara
y pagué lo menos posible.
Su muerte, mía, ahora respira de nuevo
pero triste y encarnada
en mi turística circulación.


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Pregunta, Avión, Cine Imperial, Gracia.

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Cómo avanzan las calles
y se humedecen
y quienes las pueblan y ensucian
Cómo de la humana alfombra
surge tan triste aroma.


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A través de una ventana
que es también
un globo
un oído tapado
veo como se perfilan las
nubes al alba,
como aparecen frías
y lejanas
y esterilizadas

El sol sale del otro lado
donde todos, a ventanas cerradas
duermen
si pueden
duermen.

Llamé al personal con la luz
debida para ello,
llegó la joven, hermosa
me ofreció pan y mantequilla
con la voz despacio
y un tan melódico
aliento a whisky.
Quisiera haberle dicho al respecto
que le quedaba muy sexy
ese perfume imprevisto.

No lo hice y al mirar de nuevo
por la ventana
imaginé las flotantes nubes
hechas de ese aliento,
emborrachando a todo quien
hacia arriba mire.


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Las piernas rotas de una vaca
le permiten moverse
alrededor de no más de cien metros.
La veo siempre sentada,
pero cuando de pie, comiendo,
sus pies marcan:
un-cuarto-para-las-tres

Vive en las calles que rodean
al cine imperial; violenta y maltrecha
antigüedad cuya entrada es la más barata del país.
El acomodador de asientos
no tiene piernas ni prótesis.
Alimenta a un pequeño gato naranjo muy dañado
y la boletera es bruja de azules ojos que te invita,
que te dice, que te recuerda quizás,
a la tía loca, a la madre loca,
a todo el sufrimiento de las familias y los países
a todos y todo lo sin querer,
a que hay que morirse en no mucho tiempo
y no importa lo que hacer entremedio,
entonces, entrar.


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Si la gracia te concede
ser aeropuerto de una libélula.



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19 oct. 2010

Dos Luces

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Este sol. Mirarlo descubrir los rostros como escenografías abandonadas, rastros de utilería vieja, rostros baldíos. Esta luz, mirarla abrirse como un telón, abrirse hacia la bóveda horrenda del gesto, del razgo, del terrible pasar del tiempo por el ánimo, del desgarrado temple nunca lo suficiente deformado para responder a los años, los rezongos, las mentiras, los llantos largos, las deformes expresiones o deseos o congojas nunca bien recibídas por el público ni la gente.

Mirar la asistente muchedumbre, un festejo más que nada para olvidarse, porque el olvido se celebra. Aseo y ornato, salubridad e higiene.

Sobre las calles hay desechos especiales. Necesitados de intensidad, de olvido, de pudrir la norma que condena y por qué, su cuchillo es una espátula que funde con cuidado. Olvídate del sueño. El suelo.

Muchas opiniones y coleccionistas de información rondan acechantes para explicarte. Este tramo se recorre cerrando los pasos un poco y tratando de mirar no mucho más que a los pasos propios. Los aires bajos agitados por el constante aterrizaje corporal, su opinión involuntaria, benigna si la sospecha no es suficiente. Enfrentamos siembras incontrolables de autoridad, proliferan naturalmente en el espacio inconcebible y sin querer comprobable que se han preparado. No dejar la piel abierta ni sensible. Hambrientos eso sí ante la droga o la respuesta sin querer inútil después de todo la droga abierta y terminada respuesta nunca dio a quienes la buscaban. Confuso el paso apurado ansioso que busca altas montañas en el telón de fondo, los protagonistas no están en el fondo de nada ni sus vidas son el fondo sino el centro ni el centro ni la cúspide de la experiencia. Aunque sí aristas cuelguen, solamente cuelguen del techo como estalactitas, agua cayendo, no congelemos nuestra caída que es corta.

Mirar la ciudad creciendo hacia el desierto, los límites de los climas a veces abrasan. La arena muerta en apariencia cae a la tierra como si desde el cielo. Si es que tiemblan los mantos por venir está el cansancio.

Qué luz amarilla de la tarde con nubes hojas amarillas algunas edificaciones. Qué campanario activo que metal revienta. A veces, a través de la ventana entra un globo de luz transparente y lleno de polvo, el aire hace presión hacia mi cuerpo por los orificios abiertos. A los ojos los presiona hacia dentro la luz los infla bombeando un día tras otro y con nombre en la memoria, se olvida la constante inundación. La tierra dice lo que quiere que sepamos. Los días, enormes páginas de luz, temblores y climas abrazan todas las publicaciones, por mentirosas que sean. La información cae del cielo como luz rota, como noche que prende el día eléctrico del tungsteno.


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16 ago. 2010

010

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Esperé un momento para que se enfriaran los ánimos. Me había cortado un dedo y las cosas en la habitación querían escapárseme. Ella me miraba esperando que dijera algo, que arraigara mis intenciones, así lo siento yo, quiero decir una intención es un principio de fin, una tendencia a un objetivo. Mi necesidad de fin apunta a la frustración deliberada de las intenciones. Estaba confundido deseé cortarle el dedo también, la sangre es mas importante que el aspecto, pensé. ¡Cómo se alza la conciencia cuando nos brota ese fluido tremendo, silencioso!

El recuerdo más antiguo que tengo de cuando me pasó una wea así es de mis nueve o diez años. Caí desde un gran tronco a una zarzamora, había un río cerca y escuchaba su sonido. Caí hacia la izquierda, caía y sentí las ramas arañándome mientras interrumpían mi caída, repté por el barro para salir de allá abajo. Mis heridas eran líneas y puntos por lo que brotaba el rojo, recuerdo la red de líneas interceptándose haciendo de mi cuerpo un vasto plano de piel, apenas un color de fondo. Ninguna era profunda, lloré y volvimos a la casa para curarme, ese día comimos cazuela y no me gustó, había mucha gente y tuve problemas con comer la carne, tenía mucha grasa. Era un campo en Parral, la casa del abuelo de mi amigo, pasé ahí alrededor de una semana, tengo muchos recuerdos de ese viaje. Aprendí a afilar cuchillos y compré mi primera cortaplumas en el pueblo.

No supe que decirle, quería que se fuera, pero no podía echarla, me esperaba todavía follar un par de veces e incluso quizás que se quedara a dormir conmigo y tener que ir a dejarla mañana antes de almuerzo. Decidí cambiar de actitud, ceder mi deseo de ambigüedad y dejarme arrastrar por el fluido blanco, siempre expectante. Estaba todo el tiempo dando vueltas en la habitación como un histérico de mierda, me senté en la cama la miré y me eché con los brazos en la nuca, fantaseando que me lo chupara. Entendió. No había nada más que decir, ante el cuerpo no hay nada que decir, hace diez minutos yo quería olvidarme del cuerpo, frustrar los actos y descansar por último lamentándose. Solo quiero lamentarme de lo que no he escogido y asumir mi voluntad al frustrarle. Me sentí un completo imbécil, no puedo creer que llegué a tratar de hablarle acerca de una wea así después de tanto tiempo de conocernos. Ella debería mandarme a la chucha, me haría un gran favor. Al final se quedó a dormir y almorzamos al otro día.

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13 ago. 2010

050

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Mi madre busca cachorros pastores alemanes por Internet, para cuidar la casa en el verano, para la Paloma y para el buen nervio de la casa. Paseo por mi hogar despertado recién de un sueño largo como un día, el cual todavía recuerdo pero muy abrumado me tiene para contarlo. Ahí está esa iglesia que en vez de altar tiene una barra de bar, con un cura al que le admito ya no creer ni esperar tanto de su Jefe pero que a veces sí me cae como granizo su existencia. Como cuando, durante el balaceo y los asesinatos, él se pare en la reja de la entrada de su iglesia recibiendo a los transeúntes aterrorizados, como granizo que en los temblores me percino, y echo la culpa a alguien sobre los desastres naturales y los climas, que nos los merecemos, pero algo debe ser dicho.

Mi madre fue a un criadero en recoleta, en el cual los cachorros crecían en un espacio de mierda, muy pequeño, decía, y de tierra, separadas sus estancias con rejas y pedazos de madera y zinc y plástico. Mientras me hablaba, también despertada hace poco, se frotaba la boca, sacándose residuos blancos de la noche de los lados de los labios con su mano nerviosa y seca. Le espantó el criadero, un perro agresivo ladraba como si para matarte con su gesto, y otros tiernos se retorcían como si tuvieran algún retraso o impedimento. Mi madre imitaba su movimiento torpe, con la cabeza hacia un lado y ligeramente hacia atrás, y los brazos estirados hacia abajo, tensos, mirándome. El terror me entraba y la pena y la rabia de no saber todavía el origen del derrumbe que me mueve, porque avanzo derrumbándome, con cada vez más miedo de que aparezca la tierra eriaza, la tierra baldía, mi historia baldía de pena informe, deforme, mis horas baldías de sufrir sin saber por qué, porque no me he perdonado las preguntas, porque no he robado a mi vida el miedo.

Las cortinas son perforadas como por una herida de luz, que derrama hacia dentro su blanco líquido nublado. Una pequeña apertura entre donde se juntan las cortinas. No sé de dónde tengo esta inagotable fuente de pena, de pena hambrienta, de disgusto y angustia. Mi madre es una mujer hermosa, la hubiera conocido antes de nacer y habría tratado de quitársela a mi padre. Se arruinaron la vida por mucho tiempo. Se la habría quitado advirtiéndole que se casaba para separarse, para tener cuatro hijos casi tan entristecidos como ella. La primera no, la verdad, pero yo y mis hermanos vamos hacia allá, hacia alguna adicción que nos haga tiritar la mano en la mañana. No sé donde está esa fuente, esa pregunta rota, este tajo de luz deprimente como el de entre las cortinas, esta herida cosida como un muelle que separa y une a la vez las aguas con los pasos.

Mi madre nos pegó bastante antes de separarse de mi padre que a ella también la maltrataba, decía en el juicio. Mi madre maltrató bastante sobre todo a mi hermano que tiene su pieza rota ahora con sus propios golpes a sí mismo y a sus posesiones no tan preciadas. Cambiaron el marco de la lámpara que cuelga del techo, cuyos vidrios no estaban porque todos habían sido rotos en su momento. Hay una pena tan grande en este mundo y su violencia puede verse arrastrándose con el movimiento de las sombras durante el día. Nos hemos hecho esto, cada día nos hacemos lo mismo.

En mi sueño me enamoraba de un travesti flaco y angélico, delicado, risueño, sufriente y bien intencionado a pesar del barrio de mierda donde vivía. Se me aparecía, hostil primero por protocolo, pero ayudándome al final a ubicarme pues estaba perdido. Con ya más confianza le pregunté; es tu sexo una equivocación, y me dijo no, un desafío, no quizás tanto un desafío sino una decisión. Sentirá más suyo su cuerpo por haberlo creado a través de operaciones, por haberlo des y sexualizado a través de operaciones.

Vi carteles de publicidad disponibles más blancos que la nieve de las montañas. Era amaneciendo y el sol llegaba antes y más fuerte a ellos que a cualquier otra cosa, excepto quizás algunos altos techos blancos que no estaban en el barrio desde el que observé. Mientras recorría la carretera pasé por dos animales muertos, atropellados, un gato y un gato, no es fácil atropellar a un gato, o seguramente sí, no es muy fácil atropellar a una paloma, vuelan rápido pero si se va treinta kilómetros por hora más rápido de lo permitido se puede hacer. Las plumas saltan al parabrisas. Una vez pasé por encima de un bulto atropellado de perro en la carretera y sentí sus huesos crujir ante el neumático, el sonido me estremeció, eso no me pasa con las palomas, sí con los gatos un poco. Yo creo que puede ser que sí.


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21 jul. 2010

hablamiento

(pedazo)
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Somos todos monstruos frágiles.
Delicadas metralletas sensibles.
Paraísos minados, patios traseros,
bodegas que se llueven y se llenan de cosas que se llenan de polvo.
No son suficientes las goteras para lavarnos,
el tiempo es una pátina demasiado gruesa,
una costra demasiado endurecida.

Solo estando enfermos podemos curarnos.

El amor es una trinchera en el cuerpo que se ama,
un tajo abierto desde donde ejercer el poder,
desde donde disparar los besos.
No queremos que el otro nos satisfaga,
sino mantenerlo en el intento.
Amar es una guerra contra un cuerpo,
las cicatrices son las medallas,
los caminos son el reconocimiento del territorio,
los caminos son el apropiamiento del territorio.
Cómo se hacen esos caminos;
Como termita en una corteza
O tajo o bala o hito o frontera o cicatriz o lunar
Mapas todos
O dibujo o grabado o mancha o marca o huella
En la memoria
En la historia
En el sentimiento ajeno o propio
Una foca una puteada cualquiera
Una espantada
Cualquier señal en el territorio, cualquier establecimiento
establecer mientiendo
se llama estrategia;
estrategia que cuelga hasta la eficiencia,
como la intención cuelga a la decisión,
o la duda a la indiferencia,
asumiendo la fuerza que la languidece.

Apropiamiento es
apropiarse mintiendo
o mentir al sentir que algo es propio
Me apropio y miento
Me apropias y mientes
No necesariamente romántico es un diálogo con los objetos (Pasadas las personas y las penurias que sufro al acercármeles, al acercárseles, al hacer cárceles) Un objeto que te habla no es probable o sí, quizás, la prueba en la prueba, la prueba en la experiencia, la prueba en el uso, en el sometimiento.
Volvemos
Sometimiento es
someter mintiendo
o mentir al decir que algo someto
o que algo me somete
Someto y miento
Al someternos mienten.

Un hombre con un arma es un arma con alma.

El alma del arma no es tan frágil como la del hombre
-o la mujer- y así se despliega
aunque tirite el pulso
el pulso no tirita
igual que la cintura no se mueve tanto
como las caderas
se deja llevar más
no es tan pronunciado el movimiento.
De nuevo
Movimiento es
moverse mintiendo
o mentir al decir que se mueve algo
que se mueve uno
que te mueven
Nos movemos y mentimos
Nos mueven mintiéndonos
Quiero decir, no sé bien:
Para qué mentir tanto (¿?)
O mirad cuánto mentimos (¡!)

Yo escuche decir a Víctor Díaz,
traspasando el derrumbe,
que le gustaba la cara y el hablamiento
de una compañera suya de curso.
El hablamiento
el hablamiento
Y, al fin, ya no
“hablar es
mentir
ni
hablar mientiendo
ni mentir al hablar
ni mentir al decir
al declarar
un declaramiento
Un consentimiento con la mentira”.
No, para qué mentir tanto
No mintamos, hablamientemos
Alimentemos los hablamientos
como el tranquilo y triste
y bello
y afluyente
y todo Víctor Díaz

El hablamiento fluye en vez de mentir, de miento, de pudrimiento o sometimiento o sufrimiento. El sufrimiento es acaso una excusa.
El hablamiento es hablarse a uno mismo a través del otro y al otro a través de uno mismo.
Ninguna solución a mano, a la venta, a menudo, a propósito
Pero sí un sueño, una perversión, un diminuto deseo de asesinato
Un reloj de arena o con alarma aguda y binaria
El temor va desde muchas a muchas partes
De un miedo binario a un miedo a la muerte
Esos son los mientos: los miedos, las mentiras
los mientos
de todas las palabras en este texto que terminan con miento;
sufri estableci apropioa y otros
Todas menos hablamiento
Esa es sagrada lección del ritmo de los terremotos:
El hablamiento de Víctor Díaz.
Cómo perderlo todo, todo se lleva dentro.
Perderse o perderte o perdernos o perderlo.
Zafrada dice hablamiento
Y es de los pocos
Que habla sin miento, sin mentir
Que no miente al hablar
Ni su hablar es una mentira
Ni el habla es un mentir
con él.

Con él,
el habla es una verdad inevitable
Tan bella como un secreto revelado blanco en una foto velada.
Como una bomba que amenaza explotar hace más tiempo que el tiempo
Como prestarle fuego a un petardo y que explote.


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15 jul. 2010

Sueño más antiguo

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Mi ánimo decae al despertarme entremedio de la noche. Es que los recuerdos son agujeros, son heridas punzantes. Me pregunté: ¿Por qué esterilizar las jeringas para inyecciones letales? Lo harán en los hospitales cuando la eutanasia sea legalizada, aunque no sé si en las perreras. Lo hacemos en general, con los finales de los días, con los finales de las jornadas difíciles, de las tareas, de las intenciones, con los finales de las convicciones, al derrumbar una idea, al alzar una decisión. Mis dudas, mis convicciones, respuestas y decisiones cambian como los suelos de la tierra, como los climas. Se transforman de océano a pantano a tundra a bosque a jungla a desierto. Cuidado con los desiertos, los desiertos no se derrumban, no podré vivir en ese suelo de nuevo. Quizás se asoma por entre la arena un alacrán, se hacen ondas en la arena o se estrella un avión. Cuidado con los desiertos interiores, las preguntas muertas. Nunca matar la pregunta, siempre matar las respuestas, o dejarlas pasar como máscaras en un desfile, como un sueño fuera de la memoria. Quizás como con un único detalle que se recuerda de un sueño que no, nuestras convicciones pasadas dejan huellas, ruinas, polvo, ruido, amuletos en nuestra conducta. El sueño más antiguo que se recuerda, que yo recuerdo, es despertarme entremedio de la noche en el camarote que compartía con mi hermana, notar una luz apenas azulada y no levantarme de la cama, mirar desde acostado a la puerta que da al pasillo donde la luz es más fuerte y amarilla, sentir pasos que cruzarán pronto el pasillo y lo cruzan y el que los hacía era una persona, pero solo su esqueleto. Andaba como Pedro por su casa pero no era Pedro era mi mamá que al devolverse entró a mi habitación y sentó sus huesos a los pies de mi cama, apoyando su mano en mi pierna y preguntándome algo que no recuerdo y despidiéndose de un beso sin gesto porque el gesto del beso se hace con los labios no con el esqueleto. Los rostros de las calaveras tienen un gesto fijo, imparcial y casi eterno. Aunque por una intuición había reconocido a mi madre en ese esqueleto, no lograba construir ni alinear su imagen encima de esos huesos vivos. Esta sensación daba tintes de pesadilla al sueño, levemente aterrador, ya que no cundía en mí el pánico, sino solo ese descalce en el reconocimiento de un episodio familiar: el beso de buenas noches. En ese tiempo, en que dormía en camarote, muchos de mis sueños terminaban con esa “caída de pluma”, y cayendo así, con el cuerpo liviano, translúcido, atravezable, traspasaba como un fantasma la cama de mi hermana, arriba de la mía. En ese tiempo ella sufría de ahogos mientras dormida, despertaba emitiendo violentos expectores. Al aterrizar me despertaba. Al aterrizar, un final esterilizado, despertaba con pocos residuos, poca resaca, poco o nada que hacer durante el día, ningún deber, en ese tiempo todavía no iba al jardín infantil.

Segundo Sueño

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Segundo sueño más antiguo, otra pieza, para mi solo, ya iba al jardín infantil. Sueño de una mano humana corriendo dentro de una rueda para hamsters, con su dedo índice y de insulto como piernas. Esto al lado izquierdo de mi cama, dispuesta al lado izquierdo de la puerta, el lado oscuro, no me atrevía a dormir mirando hacia allá, dormía con la puerta abierta, después usaba una lamparita de noche. Pánico absoluto, salí corriendo a la pieza de mis padres en el primer piso y bajando la escalera lastimé mi pié izquierdo. En ese tiempo solía despertarme sin poder despertar bien, sin poder reconocer totalmente la realidad de mi casa, mi pieza, mi espacio, mi cuerpo, mis ojos los que ven. En ese estado intermedio, desprendido de un mundo y del otro, alucinaba movimientos en las cosas y a veces figuras, presencias en la habitación, casi siempre con un aire aterrador, no podía enfocar bien. Esto duraba unos segundos, aunque de tiempo de no estaba conciente. La más frecuente alucinación de ese tipo eran movimientos en las tiras de lana que terminaban mi cubrecama. Parecían gusanos vivos haciendo esfuerzos violentos por desprenderse del cubrecama, saltaba de la cama asustado y prendía la luz.

Esos momentos liminales entre sueño y vigilia siempre me fueron aterradores, esa incapacidad para reconocer, demasiado miedo al desprendimiento, a la no pertenencia. Hace poco tuve uno, desperté sin reconocer nada, ni si quiera mi propio cuerpo y la taquicardia y salté de la cama y bajé la escalera y me asomé a la pieza de mi madre que yacía dormida lo que me tranquilizó.

Sueño, desmiembros

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Sueño con una mujer desnuda encima de una mesa, abierta de piernas pero sin piernas, sino brotes de piernas que se acaban pulcramente a mitad de camino a la rodilla. Aire de esterilización, pinta de inorgánico, quizás biotecnológico. Casa sin decoración, suelo de madera, ampolleta colgando del techo, la mesa y nada más. Algunas personas apoyadas en la pared a veces con vasos en las manos a veces conversando a veces mirándome mientras hago esto: Me acerco a la vagina exhibida en la mesa y me hinco para mirarla de cerca, la toco con incorruptibilidad de médico, pero sin saber lo que estoy buscando. Ella me mira desde arriba y no se inmuta, tiene un chaleco negro el pelo castaño claro y ojos azules. Sigo observando y tanteando me doy cuenta que la pieza de cuerpo que observo, la entrepierna, está separada del resto del cuerpo, se puede desprender limpiamente. Lo hago y me levanto con ella en las manos, observándola ahora impresionado. Miro a la mujer sin coño buscando su aprobación, sonríe leve y asiente con la cabeza diciéndome que siga mi reconocimiento tranquilo. Miro el pedazo de cuerpo por todos lados. Lo pongo a contraluz y se ve rojo, un poco translúcido. Me sorprendo cuando se empieza a mover como desde adentro, como desde alguna articulación interior. Se mueve con fuerza, se mueve entero, como una jaiba cuando se la atrapa por los costados. Me alejo de la propietaria del coño sin devolvérselo, voy a otra pieza de la casa en la que no hay gente, solo una mesa de poca altura, alargada y de piedra, me siento en el suelo y dejo el pedazo de cuerpo en la mesa. Ya no parece un pedazo procedente de un cuerpo, sino que otro cuerpo independiente, cada vez más inorgánico, más pálido, más frío.

Entra la propietaria caminando pesadamente hacia mí. Agarro y levanto su entrepierna de la mesa y me levanto yo también. Antes de que pueda pasársela me la arrebata rápida pero cuidadosamente, con mucho manejo de su pieza desprendida. Por cierto, ahora ella tiene piernas, unas buenas piernas, sólidas, un poco gruesas pero gráciles y bien formadas. Me hace un gesto de desaprobación, me reprocha e insulta pero no recuerdo lo que dijo. Se aleja enojada caminando apurada y tensa.

Más adelante el en mismo sueño, en la misma casa, aunque no recuerdo que pasó entremedio ni que hice para estar involucrado en la situación, me encuentro en otra habitación de la casa, sentado en una mesa apoyado hacia atrás con mis brazos mientras una mujer me lo chupa exaltadamente. Mi pene es absurdamente grande y mientras lo sacude y succiona, se desprende de mi cuerpo y se queda en las manos de ella. Mi pene se desarticula muy limpiamente de mi cuerpo, la mitad de su longitud estaba encajada en mi entrepierna. No noto en ningún momento mis testículos. Ella no parece sorprendida, pero si desmotivada, un poco decepcionada, como con resignación ante no poder ya seguir con su tarea. No me reprocha. Mira mi aparato unos momentos y me lo ofrece de vuelta. No recuerdo habérselo recibido ni ponérmelo de nuevo, mi memoria del sueño termina ahí, recuerdo solamente que era mucho más largo que eso.

8 jul. 2010

PB 1

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1.
La distancia y el tiempo se debaten cual de sus opacidades tapa más rápido. Clausura la trasparencia y abre las transferencias, es que nada desaparece si no se oblitera o tapa, y querer pelar las membranas de la memoria no es como un muro cuando en el luchan pintura y carteles de los espectáculos y otros eventos.

Sacar un vaso de agua en la mañana de la cocina.

Estar tan cansado como se siente el agua dentro o los huesos que acomodándose suenan.

Cambiar de posición mientras la espera.

La forma de pasearse de las miradas en el transporte público o común como los ascensores.

Como se mira a una persona por primera vez sabiendo que nunca más. El disolverse de uno de esos rostros en la memoria, uno solo, ¿se ilumina hasta la transparencia o se desfiguran sus rasgos en un espectáculo horrible?

Por qué muchas veces mientras escribo escucho voces que me presionan e insultan por mi nombre, tendrán que ver con los recuerdos.

Esta ciudad, desde cuándo el hombre se transformó en protagonista.

La piel, desprendida hacia las prendas de vestir. Cuántos cadáveres desparramamos mientras la vida se rehace cuántas veces.

Dormir para distraerse, comer para no pasarlo mal más tarde, trámites vitales igual de impuestos que un peaje o el valor de un sitio.

El típico y viejo círculo que une la procedencia de la enfermedad y el medicamento.


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interludio

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Apago la música
para escuchar lo que está pasando afuera
una celebración de bocinas
el sonido de un grupo de llaves
que salen de un bolsillo
y chocan entre sí
camino a la cerradura
luego prendo el equipo
de nuevo.


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011

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Esa wea que cuando tení una herida en el dedo por haberte carcomido demasiado los cueritos; la apretai con la uña y el dolor se transforma. Parece un gesto histérico, en verdad lo es, pero ahora me refiero solo al cambio de dolor. No importa, ando con una tos de mierda. Me siento rodeado de mi propio semen. Mi alfombra está inundada en semen. Me imagino llegaran a investigar mi pieza con esas luces azules que detectan fluidos corporales, sería toda fluorescente ¿cómo serían las manchas, su disposición?

El viernes hubo un carrete en mi casa. Todo comenzó porque algunos amigos y amigas habían hecho una mano de ketamina, yo ofrecí mi casa para que se picaran tranquilos. Mi familia estaba en Algarrobo, de vacaciones. Partimos desde la universidad como a las seis y media, llegamos a mi casa a las siete. De ahí fueron llegando los otros. Creo que sacaron a diez lucas las seis dosis, ta bien.

La wea es que yo no quise inyectarme porque había tomado LSD. Anto hizo de enfermera, se veía hermosa siendo así tan maternal, inyectándoles la wea a los otros. Paz fue la primera. Le amarró el brazo con una panti morada que sacamos de la pieza de mi hermana. Golpeó despacito su brazo un par de veces para que apareciera la vena, la inyección fue un éxito.

Una frescura se expande desde el punto de contacto hasta el rostro lo duerme cayó en el sillón morado habíamos puesto las almohadas de mi cama. Llevamos casi todos los cojines de mi casa al living para que todos pudieran estar acostados en su volá. El rostro se le desvaneció, no era un rostro dormido, sino que desocupado, inhabitado. El puente que muestra hasta qué punto el suelo de las certezas puede hundirse bajo nuestros pies. La distancia todo distancia y apenas unos tanteos con la mirada con una mano tranquila larga, todas las manos eran largas cuando se alzaban para tantear la distancia sus dedos frágiles se extendían casi alargándose, sé que tocaban algo quizás. Tomó la mano de Mique, siempre inocente y atractiva, que estaba sentada al lado ella, cayó de nuevo. Las cosas se unificaron perdieron profundidad de campo que hermosa manera de extinguir la perspectiva estudiamos arte por la chucha tenemos la perspectiva metida en el culo. Ritmos de planos, no veía bien no estaba presente en lo que estaba viendo, no era ni siquiera un espectador tal vez un espectro, una pantalla misma ella lo que lo rodea lo proyecta desde esos ojos del mismo color de su cara a veces tiritaban. Bosco estaba sentado a sus pies eran quince metros de sillón morado hasta ella que andaba en mi casa como en un barco lo veía desde abajo gigante alzándose, me dijo después. No quiero reproducir nada apenas alguna señal de lo que en el grupo oscilaba. Preguntó por Manuel, su pareja que estaba más allá, cuánto espacio más allá y lo vio desplomándose tranquila de nuevo en el mar púrpura de mi sillón. Una vez follé en ese sillón.

El Manolo estaba al otro lado de la habitación acostado en el suelo sobre unos cojines floreados rojos. Levantaba los brazos, miraba sus manos tocaba su rostro a veces, la mayoría del tiempo estático y gris, suspendido, todos los tiempos, el tiempo claro, en todo caso decía la Anto decía frugelé, era uno, se le antojó una de esas mierdas y pensaba en los caballos se le cruzaban pianos por encima, me senté al lado de él y me miraba con cariño. Despojar lo cotidiano de su manto lógico y estéril para dimensionarlo en su estado esencial, el vacío que cobija, en el que nos acurrucamos. Agarró mi brazo un momento, lo apretó, mi brazo y la distancia, menos mi brazo, agarramos un tubo de metal, uno por cada extremo, me dijo que le gustaba estar drogado conmigo al lado en LSD, a mi no me había pegado todavía.

Lo otros pasaban sus voladas callados exclamando a veces Paz ya estaba saliendo de a poco volvía a nosotros sonriendo, la distancia no se recorre, se evapora. Anto fue la última, estuvo todo el rato preocupada de inyectarle al resto, al fin Paz se lo hizo, desapareció haciendo gemidos echando su cabeza hacia atrás y su cuello se veía bello. Todos se veían bien, yo estaba tan cerca, mi casa, me los imaginé viviendo conmigo, lejos en el tiempo siendo viejos drogándonos de vez en cuando. No recuerdo muy bien sus voladas, al Bosco ya le estaba pegando el ácido estuvimos escuchando a Ornette Coleman, escucho muy poco jazz cuando estoy con ellos, ponemos más rock y psicodelia en general. Manolo estaba maravillado con el free jazz los sonidos le eran pomposos y casi tangibles se adentraba en las frecuencias, Paz en la materia. Hablé un rato de Ornette. Yo andaba por ahí mirando sonriendo mucho porque de verdad sentía que todos ellos me cruzaban me atravesaban sonriendo también y mi casa era mi cuerpo, todo estaba dentro mío, abierto. Tenía un saxo andino y tocaba melodías orientales a veces monótonas, vibraciones doblando una nota siempre calzaban, las hacía para ellos. Yo era para ellos. Cuánto saben los caballos, decía Manolo; usan la ketamina para dormirlos y operarlos.


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008

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Cuando recorro esta pieza siempre pienso en lo poco que recuerdo de mi vida, mas la cantidad de cosas que he acumulado me calman un poco. También pienso en el polvo que se ha ido instalando en las fisuras, en la alfombra, en las superficies altas ¡Cómo marca un compás entre los elementos! Escuché hace tiempo en un programa de televisión que un altísimo porcentaje del polvo de las habitaciones está formado por pequeñísimos pedazos de la piel que a su dueño se le cae a diario. Me hace gracia pensarlo, no como cuando me encuentro nudos de pelo y tengo que tirarlos. A veces prefiero pensar que experimentar. En ocasiones, adherido al pelo hay semen seco. Lo sé porque encuentro las weas justo donde tiro mi semen cuando me corro la paja. Piel, pelo y semen: lo que del cuerpo cambia más rápidamente. Me gustaría que alguna de las minas que traigo aquí lo pensara, el contacto que hace con mi cuerpo desde el momento en que entra. Que lo pensara mientras follamos y quisiera detenerse. Sería bueno que me lo explicara después, trataría de entenderlo. Algunas minas no quieren que las entiendan, sino mantenerte en el intento. No me quejo para nada. Ayer me desperté a las seis de la mañana junto a un cuerpo blanco iluminado por el sol que hace mierda mi pieza en las mañanas, María. Venía de un sueño terrible y no reconocí la situación. Ella se despertó también. Tenía la pintura de ojos corrida y se veía hermosa, no pensé eso entonces. Cuando nos miramos pregunté ¿qué? como si no creyera lo que pasaba. Volví a dormir, me lo contó más tarde en la misma mañana mientras la iba a dejar a su casa. Tenía que ir al aniversario del funeral de su abuelo, me hizo despertarme a las nueve cuarenta habiendo cedido por media hora. Lo aprecié, pero de todas formas una mierda. Odio ir a dejar por la mañana a las mujeres con que paso la noche. Además del disgusto que es levantarse temprano y tener que conducir con los ojos pegotes después de una noche de follar, durante el viaje se siente una extraña tristeza frente a lo efímero de una noche de esas, se deshace un nudo al soltarlo, nunca pensé que iba a ser tan sencillo desenredarlo. Al menos los pelos modificaron en algo su forma, lástima que ya se me habían desprendido del cuerpo. En fin, prefiero que se despidan en la puerta de mi casa, verlas caminar por la acera y volver a dormir.

Hoy me desperté con un feliz recuerdo de su cuerpo desnudo, asomándose pálido por la puerta para asegurarse que no hubiera nadie de mi familia que la viera en su ida al baño. Luego agradecí ya haber pasado por la mierda de ir a dejarla, estar solo y tener todo el día para revisar los hechos, escribir un par de poemas, escribir esto, qué se yo. Decidí faltar a clases para aprovecharlo. En la tarde quise llamarla para preguntarle como había pasado la ceremonia, pero no lo hice. Encontré el condón usado envuelto en una hoja de este cuaderno en mi cajón. Pensé que eso podría ser un buen poema, me arrepentí y lo boté.


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005

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Ha pasado el día. Me puse a leer. Estaba terminando el libro y me llamó Violeta. Dijo que andaba por estos lados y que iba pasar a verme un rato. No alcancé a terminar el capítulo y acá estaba, irresistible como siempre, con sus grandes tetas y finos muslos, sus ojos tristes aunque no conoce el sufrimiento. Conversamos un rato, la toquetié, nos interrumpió mi hermana pequeña. Mala cuea, dijo que tenía que irse, la acompañé. Por la calle, nos robamos una flor morada del patio de una casa, imaginé la reacción de los dueños al enterarse, era la única. Dejé a Violeta en la puerta de la casa de su amiga a la que iba a visitar, cumplía años. Le toqué el culo al despedirme.

Tengo que dormirme ahora para mañana despertarme temprano sin problemas. El tiempo está arrastrándome siempre deseo que me suelte y tenga que volver por mí. No creo que pueda decidir; ante la frustración, el deseo. Desear es reservar una habitación por anticipado. Cuando preparamos mucho un viaje las expectativas pueden llegar a ser hostiles, espero me abandonen y poder caer tranquilo en la cama esté donde esté necesito dormir. Levantarse es un gran paso, una decisión terrible reconsiderar la vida cada mañana, el acto, comer es diferente y el deseo, al menos la satisfacción de ser servido. Levantarse mañana será difícil. Tener que desprenderse de la sabana blanda arrastrar contigo el molde generado en el colchón. El invierno está lloviendo, objetivarse en la universidad, pensar en las weas que he escrito mientras paso el rato en los patios de la facultad de ciencias, de artes. A veces me sentía bien, siempre un poco triste pero bien.


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002

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Algo se está pudriendo, ningún olor es malo. No quiero quejarme de había una vez. Contar algo para hacer esto más dinámico, más palpitante, algún acontecimiento. No sé si escribí ayer cuando llegué de carretear.

“Tu tiempo comienza ahora”, me dice mi hermana pequeña de la nada apuntándome con una espada de juguete. Al desplegarse la espada dicta una triste canción con ese timbre característico de los juguetes, un sonido frío y chillón, con leves desafinaciones como cuando tiembla una voz nerviosa. Estábamos almorzando papas duquesas con tortilla de zanahoria y pavo, miré a mi madre, me sentí decaído y triste de nuevo, el paso del tiempo, la independencia de cada segundo, lo perpetuo ahogándolo todo. Solo hay comienzos mientras algo se va de las manos. Seguramente sacó esa frase de una película, su educación fragmentando la continuidad. Terminaron de comer.


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7 jul. 2010

Abierta Cima Del Día

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Abierta cima del día.

Pronto río de insomnio, y la culpa de si subirse o combatirlo. Traté de combatirlo, con las viejas y bienintencionadas técnicas, inútiles a estas alturas pero como un tierno recuerdo, consejos amables de abuelos muertos, o familias de padres en ese entonces unidos. Subirse sería aprovechar esas horas etéreas y diseccionadas, atravesarlas con estima y atento a los trastornos. Alzar una silueta entre la niebla y observar cuánto tarda en cubrirse de nieve. Rechazar las expectativas horarias que la culpa por no producir me produce.

He tratado de pintar con blanco la interacción lumínica que se da en la superficie interior de los párpados cuando los ojos cerrados. También de relajar el cuerpo por sectores ascendiendo hasta la mandíbula como cierre del rostro. Pero nada funciona, nada me duerme, no he podido asesinar este maldito día. He llegado hasta acá finalmente. Hasta esta luz que se desmaya en reversa, lánguida apoderándose de los inmuebles hasta que ojalá los incendiara en un par de horas. Esta indiscutible luz de amanecida. Es que me es más difícil sembrarme en dudas durante el día.

Cargo el frío matinal en la espalda y en los pies principalmente. Una marcha pacífica de quince en la montaña se me viene a la cabeza. Y la imagen de un muerto; la carga de cemento que sostiene la bolla a la que se amarran los botes, lleno de musgo, frágil en el agua. Una comunidad de crustáceos, unos encima de otros y entre las algas, haciendo una extraña fuerza para mantener el cuerpo hundido.

No comentan lo que pasa arriba, El reflejo de la superficie del agua mirado desde sumergido es hermoso. Si es que intenté relajar la actividad mental, me fue imposible, solo la guié a extenderse sobre llanuras más planas. Pero con la misma intensidad, está lleno de insectos. No pude abrirme camino por los espacios entre pensamiento y pensamiento. No pude detener las amebas negras, dejar de seguirlas con las pupilas, dentro del cerrado almacén ocular. Todo se abrirá en pronto intervalo. Las siempre recurrentes cortinas de metal corrugado de las tiendas y para qué seguir nombrando. Porque yo me estaré cerrando, al fin con sueño, hacia el descanso impuesto por el pulso de la tierra.


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Una pared de polvo iluminado
parte desde donde no se alcanzan a juntar las cortinas
y me alcanza entumecido
pero el frío no me destruye
apreté los dientes muchos días.
Dejé tiritar la pierna
muchas horas
debajo de la mesa.
Yo calentaba mis manos
metiéndomelas al pico, siempre
y mis amigos cercanos
de los que no escondía ese gesto
ya no me querían dar la mano.
Entonces les prometí
que lo haría solo con la izquierda
pero era una mentira.

El día que llega me calma el rostro
me aprieta los dedos contra las manos
me hace querer morder la acera
y me da ganas de estar enfermo
tranquilamente enfermo
de rabia
de pena hambrienta
asomado por la ventana
escupiéndole a los transeúntes
diciéndoles
llévense el cuerpo
a otra parte
quiero ver la ciudad muerta
quiero ver la herida que dejamos en el suelo
la cicatriz de la civilización.
Pero después me arrepiento
y pienso que de esta habitación
no se sale por la puerta
no se sale perforando las paredes
ni curvando los barrotes
se sale perdiendo la esperanza
de salir.


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Boca, Iris, Pupila (Despertando)

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Si cuando hallamos abierto la boca
ante el diario temblar de la alarma
se nos abra también la cortina
entonces la luz tremenda, continua
hará al fin su tarea escondida.

Secarnos los restos de comida
entre los dientes de la cara abierta.
Devolverle el color a nuestros iris
que moraban oscuros en la vista caída.

Cada uno tendrá su color de nuevo
y aunque debilitado por el tiempo
será rojo, verde, café y hasta negro
pero no tan negro como la pupila.

Entonces ese indeterminado agujero,
esa fosa de tristes dimensiones
por donde la luz nos perfora el conocimiento
será otra vez lo más negro del rostro.
Será el recuerdo tranquilo y doloroso
de que mirar también es un abismo.


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30 jun. 2010

046

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No entré el auto, salté la reja y caminé por el estacionamiento deseando como siempre no pisar mierda de los perros. Satisfecho, entré a la casa y apagué las luces de la cocina y la puerta de entrada. Divisé a Chascona, la gata blanca a la que soy alérgico, y la perseguí hasta la pieza de mi madre, que dormía con Marcelo y mi hermana pequeña. Roncaban los adultos, mi madre emitió un susurro ambiguo y la gata se metió bajo la cama, desistí y me volví subiendo la escalera para alcanzar mi cama.

Desde mi cama, repaso los hechos nocturnos previos:

Venía de la casa de Bosco. De vuelta a mi casa se me ocurrió la idea de ver a Javiera. Recordé sus tetas nuevas y su buena disposición a complacerme, recordé lo barato y el suficiente dinero que descansaba en mi billetera. Al detenerme me preguntó - ¿Salimos? - Sí, súbete. Y luego entramos en complaciente intercambio de recuerdos.

Un amigo me comenta el proyecto que ha emprendido: certificar las folladas que comete y experimenta, guardar las evidencias y emitir declaración escrita. Dice que hay métodos que producen evidencia más asequible y objetual que otros, por ejemplo el uso de condón. Un adn por cada lado. Sabe él que es un juego fantasioso e inútil, pero lo liga a objetos que contienen la información que certifica los hechos de su existencia. Quiere probar sus huesos, quiere probar que su cuerpo no es negro por dentro, sino que pila de documentos de datos concretos, de historia, de archivo, de memoria íntima y legal sucesión de hechos.

Javiera me empieza a tocar el pico camino al callejón que usamos. Celebra que lo tenga ya duro diciendo que le encanta. Le digo mis complementarias complacencias como: ¿Cómo están tus tetas? ¿Cómo te ha ido con la novedad? Claro, supongo que sí, si te quedan súper bien. Me dice sí, ¿te gustan, duritas y paraditas?

Al rato de chupármela me dice que le gustaría sentarse encima. Le digo que haga lo que quiera, que yo haré cualquier cosa para complacerla. Dice que le gustaría que fuéramos a un Motel, para tener tiempo y disfrutarnos. Le prometo que la próxima vez será. Le pregunto qué moteles hay por acá en Providencia, me dice que solo hay muy caros y que iríamos a uno en el centro que sale cinco lucas la hora. Le prometo que la próxima vez será y sigue chupándolo y conversamos entremedio de sus succiones. Le toco las tetas mientras me lo chupa. Le propongo ponérselo y me dice que sí porque le gusta conmigo. Dice que mueva el auto, lo muevo y nos bajamos y se lo pongo mientras exclama que me vaya. Estoy demasiado borracho para eso y finjo mi orgasmo para satisfacerlo. Al sacar mi pene se adelanta a sacarme el condón pero la detengo y me lo saco yo, guardándolo en el bolsillo.

De vuelta le prometo que la próxima vez iremos a un motel. Al bajarse me da un beso en la boca. Disfrutando de su pegajoso lápiz labial invisible exclamo: ¡Qué rico tus labios, se nos olvidó darnos besos!

A algunos árboles les pusieron pequeñas luces naranjas alrededor de sus ramas y colgando del follaje, en la noche parecen infectados por una peste lumínica, en el día no se notan. Paso por ahí triste y queriendo llegar rápido a mi casa.


Venía de la casa de Bosco, habíamos estado tomando cerveza por seis horas, de diez a cuatro conversando y recordando y yo de vez en cuando iba al baño a jalar una línea de lo que me sobró ayer. Me contó sobre haber internado a su madre en el psiquiátrico de la chile. Le conté mis a veces disfuncionales experiencias últimas con Daniela.

¿Ves a las personas en la calle, ¿qué vivieron antes de exponerse ante ti? Ese viene de haberle pegado a su esposa, ese viene de enterrar a su padre y esa otra insatisfecha con su vida marital o familiar. Ese viene esperando llegar a descansar o a follar a su casa y ese otro de robar o ser robado por alguien sea su mujer o un flaite cualquiera. Ese allá piensa en nada y esa otra en que hará mañana, lo espere o lo tema.

Borracho manejo muy tranquilo, lo disfruto y confío en que un manejo cauteloso no me llevará a imprevistos. Los transeúntes hacen malabares con piedras en los semáforos, no sé para qué quieren plata a esta hora si no es para emborracharse, pero hoy es el día del trabajador y las botillerías cerraron temprano, quizás conocen un clandestino, o algún bar de chinos abiertos. "Pa los chinos, todos son días del trabajo" bromeó un amigo. Yo recuerdo a medias un dicho: "El que no sabe a qué vino, para qué chucha vino." Es difícil aguantar las calles, la calma de la noche lejos de los bares. ¿A quién queremos matar? ¿Cuándo le pusieron nombre a mi rostro y cédula a mi identidad?

Somos todos monstruos frágiles. Por la piel flácida y por el placer al hacer daño de repente o inconscientemente. La vida es una amenaza, todo se debe a que estos diablillos nacen sin poder controlar su furia. Es duro ser padre: formar, amputar pedazos de personalidad. Disgusto, pero peor, compasión. El odio es un afecto, somos afectados por el odio. Amar es el poder de hacer sufrir. Los sufrimientos que los hombres se infringen son cuantas veces entramos y salimos del mundo de los humanos. Enseñar el odio a los niños, preparar la próxima guerra: la violencia ritualizante, la tortura de hacer hablar mientras nos ahorcan. La felicidad: la promesa de la representación: Jesús convirtió toda el agua de mi cuerpo en vino para asesinarme.

Javiera es transexual. Mientras me chupaba el pico pensaba en cómo sería presenciar el suyo realmente, mirarlo o no sé. No me excitó la idea pero sí interesó. La dejé pasar.

Despierto y recuerdo. Ayer soñé varias situaciones distintas y aparentemente inconexas:

Vivía en un internado universitario. Mi pieza era una bodega de altísimas murallas y azul papel mural apenas roído y descolorido. Se aproxima una prueba sobre las cartas de tal y tal conquistadores durante una época específica de su aventura en Chile. Mi pareja y sus amigas desagradables estudiaban para otra evaluación acerca de literatura erótica de principios del siglo pasado, revisaba yo un libro que habían dejado sobre el sillón, Natalia Azocar, era su autor.

Antes habíamos ido a buscar cuarzos a las montañas, al sur frío o al Himalaya con Adolfo. Necesitábamos un permiso que a él le negaban, y yo necesitaba hablar con un profesor de geología que me iba a dar las instrucciones de extracción. Me llamaba muy temprano y no le contestaba, seguía durmiendo. Adolfo se perdía y tras recoger un cuarzo hermoso de la calle ya pulido, me dirigí al terminal a esperar pasaje.

Terminaba todo en un matrimonio familiar en el que conocía a una pariente nueva, lejana, gorda y rubia con tatuajes. Me invitaba a mirar su entintado brazo y yo chupaba la calavera con insignia preguntando: "¿este es el tatuaje de familia?" Ella respondía: "Mira un poco más arriba. Esa es la herida de familia." Levantaba mis labios de su piel y veía, a la altura de su hombro, un sector de tres centímetros cuadrados pelado, rojo y brillante.

El amanecer se me vino encima como una marea, luego como una herida que se abre, la herida del día que viene, otra jornada amaestrada, la vi cansando a los que la miraban, la jornada es un trino, entre madre, canto y tierra. La jornada es un portazo de madera vieja en la cara, arrastra las débiles piedras que nos desmayaron.

Miré por la ventana, por donde iba subiendo la calle, inflamándose como entraña infectada, la calle, haciendo de lomo para nosotros parásitos. Aunque estaba pensando en la imagen de pájaros comiendo del lomo de un grande o en los pequeños peces que penden de la piel de un tiburón, pero esos son casos de intercambio con beneficio mutuo, eso no sucede entre los humanos y el lomo de la tierra. Me interrumpieron unos gritos mujer de desesperados que pasaban por la calle, pensé que la estaba jodiendo un tipo, pero me asomé por la ventana y enteré de que estaba alucinando sola cargándose el escándalo. Llevaba mucho equipaje, bien equipado como un esforzado exiliado al embarque pero seguramente iba buscando un sitio donde dormir. Dormir.


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10 jun. 2010

045

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Martes por la noche, después de dormir la mayoría del día, desde las dos hasta las cuatro, me levanto y siento impulso por ver a Bosco, almuerzo lentejas y termino la novela de la que me quedaban cien páginas. Camino a su casa toco dos veces la bocina y llego esperando comunicarme, esperando ser un tajo abierto y recién tajado, honesto y no discretamente cubierto o simulado, termino en exactamente lo contrario. No saber qué decir ni qué hablar y suponiendo que es derecho de las putas decir qué rico y me encanta y porque grande tierno y terso. Me fui a Javiera, la carita de mujer que me cobra lo mismo que a su pololo promediando. Yo te pagaría todo lo que pidieras todo lo que ganas en la noche por la noche entera y más y ¿te vas a una fiesta después, a dónde? A alameda con rosas en algo con N, una discoteca, pregúntenle a ella, a Javiera. Una morena de lo más discreta con cara redondita que no te pillas drogada como a tu madre tambaleándose en el pasillo de su pieza a la cocina sino que en la vereda, asomada, oscura y encantadora, con su cifra escrita en sus operaciones y rostro afortunado. Saludando y saludándome a mí, a mí porque la conozco y me cobra menos y la próxima vez vamos a un motel y te lo pongo y las tetitas te quedan tan bien cuatrocientos gramos. Me voy a poner cien más para llegar a los quinientos , pero que bien y ¿cuándo te operas el pico? Estoy ahorrando hace tiempo. Javiera tiene ahorros por separado, ahorros con un objetivo fijo: su identidad. Siempre ha sido mujer. Yo le creo por sus labios, por su forma de hablar cantada y lasciva como quien se entromete en el coito de su madre a los quince años o menos, le creo por sus quinientos gramos en las tetas y por su cariño conmigo. Por diez lucas me lo chupa media hora y por el culo media más hasta que me voy a veces tan borracho que ni parece parado el pico y el semen sale decepcionado a la jaula de plástico como si hubiese estado haciendo cola todo el día. Ella siempre insiste en anudarlo y botarlo pero yo me adelanto y le digo que yo lo haré. Lo guardo en un refrigerador donde llevo veintiséis condones acumulados desde dos meses atrás.

Javiera no me satisface sexualmente pero es a quien le doy mi sonrisa más sincera. Ella misma es la prueba de mi retorcimiento. La moral de mis pilares educacionales se derrumbó ante su cuerpo operado y su pene oculto. La homosexualidad tiembla en el horizonte de un programa de televisión, pero no en Javiera, una mujer gigantescamente femenina cuyo calle cuerpo florece en cada palabra y en cada succión y en cada gemido. Su voz es ronca y suave, cómoda y a la deriva, sondando la noche como un auto. Se sube al mío y se mira en el retrovisor lo primero. Javiera es la reina de mi perversión, una comodidad por la que pago diez lucas a gusto, un recuerdo rebuscado de mi amigo íntimo a quien culeaba a los once años, solo que Javiera no tiene pico a la vista, menos todavía, un pico condenado a una operación de extinción, destinado a ser substituido por un chochito filele. Una mujer, mi mujer. ¿Cómo defiende uno meterse regularmente con un transexual de la calle? No es necesario, la amo tanto como a una mujer cualquiera que hace mi noche valer la pena, que me habla como a un ser humano, que me dice: si claro y no también y cuándo y dónde y yo tampoco e igual y que rico y que tanto y si por ejemplo y necesitamos más tiempo para hablar, me confundes y eres medio loco y medio complicado pero tierno ante todo lo pasa bien conmigo, lo pasa bien conmigo y lo pasa bien a solas conmigo, chapándome el pico y prestándome el culo. ¿Qué tanto, qué tanta culpa recae sobre el come trolos? ¿Un homosexual frustrado, un misógino tirando a homosexual, un chucha por la chucha, un weón asqueroso loco de mierda? Mi vieja está durmiendo ¿qué wea? Ya pasó la marcha nocturna de la reprobación, la desnutriente voluntad.


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9 may. 2010

Maldición

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Que encima te caiga
una ciudad
y se te den vuelta los canales del cuerpo
se te anuden entre ellos
los nervios con las venas y los vientos
que te recorren y animan
que languidezcan
que apenas te arrastren
que pena, que tarde
es desear para mí
mas ya no te deseo
sino
este mal tan muerto
que te arranque de fluir
que violento te sea
mover un ojo, saludar
y te deshagas en sus frentes
cuando te miren las tetas.

Que en los hoyos que te comunican
crezcan musgos cortantes como cristales
y aniquilen a quien quiera habitarte
mutilándote por mientras
los fluidos, los sentidos.

Que no dictaminen más monolitos entre tus piernas
sino solo tormentas y derrumbes
inundaciones y sequía
que te abandone la arena y el agua del cuerpo
derramando tus órganos
usando tus pulidos canales
como desagüe de tu alma.

Que te mueras, quiero decir, que te mueras
y tu descomposición sea pública
y publicitada entre los insectos y las bestias
que acudirán a tu repartición,
y llevarán tus partes a sus tierras.

Que se te desvanezcan las corrientes
y se te estanque el cuerpo
no en una cama ni en un césped
sino en lo alto de una montaña seca
cuya arena por caer esté descubriendo sus rocas
pudiendo atravesarte
o atravesar el espacio que tu peso
ocupó antes de ser repartido.

-

Que tu gusto sea tu vergüenza
Que la voluntad te pudra lo digno
Que la sangre se te cristalice en blanco
y como sal te drene.
Que se te detenga el cuerpo
pero no se descomponga.

Fíjate en los troncos de los pinos,
las cigarras,
con sus órganos drenados por la lluvia
yacen todavía ahí agarradas
con sus tenazas y sin alas.

-

Un espacio para morir
un espacio para opacarse
para no quemarse con el sol
para vaciarse durmiendo sin lluvia encima.

Tu pieza es la tumba de uno de tus cuerpos
se te derrama la piel y el pelo siempre
con ellos caen tus células muertas
eso es lo normal, de no preocuparse
pero quiero que sepas o recordarte apenas
que eres tanto cadáver como eres cuerpo.

Los agentes del olvido
en su tarea de barrer la muerte
alzan su digno e indiscutido programa:

la higiene.

Conozca sus olores
los que lleva encima
los que deja detrás.

Conozca
sus enfermedades y sus penas
sus vergüenzas y culpas
sus frustraciones y arrepentimientos.

Imagínese por dentro
sus órganos negros, sin luz.

Olvídese de los espejos
y vístase con los rostros de sus ánimos
esfuércese en deformarlos lo suficiente.

Recuerde los pocos colores internos
que ha podido ver iluminados,
los mocos, la sangre, los mojones.

¿En qué espacio le gustaría derramarse?
¿no siente como el sexo la drena?
más que llena.
¿quisiera donar órganos?
¿quisiera habitar más desnutridas memorias?

-

Que se te incendie el pelaje
y la roja tierra de tu piel quede expuesta, estéril
humeándote para que la abandones
y dejes de dar penas al mundo.

Los bosques a contraluz se ven azules
el sol de la tarde les traga el amarillo
cuando no les da de frente.
Las nubes cortan el bosque,
lo dividen entre nieblas
definiendo su transversal silueta.
El bosque alto se acuesta,
se encuentra,
con la verdad alta, cuando se topa con rocas
con cimas que no alcanza,
se encuentra
con que no hay senderos para sus raíces.


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Tren

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Despertándome entremedio,
tiritaban como en todo el camino
los ventiladores, los engranajes y paredes.
Los veía por un momento, a oscuras todavía
esforzándose por transportarme,
tiritándome también.
Parecían tan iluminados, los ventiladores,
como si mis ojos fueran los focos lánguidos
que los hacían visibles.

Estaban solo las máquinas despiertas,
solo abiertas las ventanas,
porque todos los rostros descansaban
y todos los ojos dormían.
Más adelante, despertándome entremedio,
vi rostros encendidos y cuerpos sentados.
Lo digo así porque me sentí solo,
como muchas veces despertándome
y quizás como otros se deben sentir
al despertar, veamos:
Entre único y abandonado
lejos de todo y sin razón para acercárseles.
Sin razón para hacer cárceles.

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Había niebla afuera y poblados pobres
pero yo venía pensando en otra cosa,
en el aire frío que me llegaba,
y en si es que podría llegar a resfriarme.
En que si lamiera las paredes,
de qué podría contagiarme.
En cómo actuaría si realmente vinieran
a cobrarme la multa por fumar adentro.
En qué decirle si es que me atreviera,
a una mujer bella.
Ya no entiendo lo que hicieron conmigo.
Ya no sé lo que vivimos juntos.
Yo estaba pensando
en que el hijo de puta que bloqueaba la puerta
se corriera un poco para dejarme ver
el paisaje de nuevo y olvidarme.


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6 may. 2010

029

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La mina que me follé ayer dejó unas pantis colgadas en el respaldo de mi silla. Me pregunto si habrá sido a propósito, no creo. Las cogí y olí el sector que cubre el sapo. El mismo olor que mojaba mi nariz cuando se lo chupaba hace medio día. Una mezcla de zorra, claro, y olor a fogata. La weona venía trasnochada de un mediocre viaje en LSD que se pegó en un campo no se donde chucha. Me llamó diciéndome que estaba cerca de mi casa y que me iba a pasar a ver. No me contó nada de su mierda de viaje, solo me tiró a la cama y se me puso encima. Costó que se me parara, estaba quedándome dormido cuando me llamó y ya me había corrido la paja en la mañana.

Es rica, me encanta su zorra y se la chupé hasta que se corriera. Luego me tocó a mí y me fui pensando en una rusa contorsionista que había visto en el circo antes de ayer. Violeta estaba siempre nerviosa pensando en que alguien pudiera interrumpirnos. Era hora de comida. Yo había dicho que iba a comer más tarde pero los pasos que se escuchaban afuera igual la ponían así. Tiene el sapo un poco suelto. Me cago si su ex tenía un pico enorme, el mío es normal nomás igual algunas minas me han dicho que lo hallan grande pero debe ser pa complacerme. Ya, pico, de ahí conversamos un rato y llamó un taxi. Siempre agradezco no tener que ir a dejarlas, el ambiente del auto y el tráfico después de follar, repasando cada uno los hechos tratando de rescatar algo. Bueno, no pasó así que me dormí tranquilo.

Hoy no he podido levantarme de mi cama desde las siete y media cuando bajé eructando y rascándome las bolas por las escaleras en busca de algo para beber. Traje un jugo, un vaso de bebida y leche para niños. Tomé solo la bebida y volví a dormir. A las dos y media de la tarde me despertó un llamado telefónico. Vas a venir a la universidad, no. Luego pensé en ver una película, prendí la tele y me quedé viendo la teleserie que estaba puesta, una wea brasileña llena de mierda emocional y minas ricas con gestos histéricos. Leí un rato el libro que en este último tiempo ha estado ocupando mi repisa y bolsos, bebí el jugo, llamé a mi hermano preguntándole si le quedaba algo de esa hierba fumable que da sueño y no tenía. Estoy un poco triste, quería seguir soñando con esperanzas de allí encontrarme con alguna inocente jovencita profanada por el mundo de la moda. Me besaría intermitentemente mientras yo tratando de explicarle lo bello que es que nada valga la pena. Después me rechazaría y la contratarían en un circo, resulta que era contorsionista.

Mi casa es de madera y los pasos se escuchan con estrépito desde acá, lo que ayer ponía nerviosa a Violeta. Ojalá no abran la puerta, ojalá no me llame nadie más, ni siquiera follaría de nuevo y me da miedo fumar lo poco que me queda de mota porque no tendría para la noche. Sonó el timbre y es mi abuela, no he escuchado ningún rumor ni grito de mi hermana pequeña, que es la única que me puede subir el ánimo en un día como este. Últimamente ha estado reacia conmigo, lo cual me afecta mucho. Le voy a dar besos y me lanza combos. Ojalá no sea muy histérica cuando crezca.


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Maderas, Durmientes.

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Maderas
Durmientes
Maderas
y durmientes
a la venta
en el cruce
de una calle local
con la autopista.


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En la tele
un hombre planta
algo
y luego se sube
a un bus
para llegar a su casa
donde está
su esposa
y sus tres hijas.
Por la calle
pasó un camión
morado
que quería estacionarse
pero no encontró sitio.


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Por cerros
había que pasar
para encontrarte
madera,
durmientes.


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En la tarde
me desperté
esperando encontrar
en el día
una razón
para el siguiente.
Pasó que las ventanas
y las construcciones
estaban como siempre.
El patio también,
lo cruzaban pocos
con algo bajo el brazo.
Pero una vendedora
me preguntó
si era chileno
y quise volver a casa.


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Un perro vago me rodeó
oliendo la tierra
en la que estaba parado.
Luego se fue
a echar en la sombra.


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Dejándome subir
por una escalera mecánica
recuerdo
que el metro cierra pronto.


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En el fondo del patio
hay una jaula en desuso.
Las enredaderas
apenas dejan ver
hacia dentro.
Ahí creció un pájaro
que apareció muerto
el día después
del que lo soltamos.
Lo habíamos encontrado
caído de un nido
respirando todavía.
Yo fui el que lo recogió
y se lo pasé a mi madre,
que me dijo
lávate las manos.
No sé bien que hizo
para mantenerlo con vida
pero creció
dentro de un acuario
y luego en la jaula
que ahora miro.


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Me asomo por el balcón
dejando que la luz
me haga entrecerrar los ojos.


-


Violeta me dijo
que no me preocupara
tanto
de los días.


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Escuché a un par de pájaros
anunciando el amanecer
y quise dormir con ellos
tumbarme a su lado
mientras yacen inconcientes.
Los escuché unos segundos
mientras cerraba la ventana
y quise culparlos
por mi insomnio
por mi pena
pero no pude
Solo quise
tumbarme a su lado
mientras yacen inconcientes.


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Cambió la posición
de sus piernas
sentadas
Miró la pantalla
que dice la estación siguiente
Y luego volvió a su libro
que por la portada
me tincó tan malo.


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Salí de mi edificio
y quise volver
pero el ascensor
se había ido.


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Venía de la estación
cuando por ejemplo
detrás mío
una grulla
un vaso de agua
un término.
Sin poder escoger
recordé
las palabras
pronto
medio
a penas,
y me sirvió
para sanarme.


-


María venía
llena de rostros
llena de alegría
a saludarme
cuando se dio cuenta
que yo había cambiado
y que no la estaba
reconociendo.


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Entro a un bar
para pedir autorización
de la máquina de tabaco
que está afuera.
Levanto la mano
y la que atiende
me cruza la mirada
mientras se da vuelta
a apretar el botón.
Digo gracias con un gesto
y salgo
llevándome una imagen
de una pareja
aburrida
cada uno con su mano
sosteniéndose la pera.
La máquina me ha devuelto
tres veces
una moneda
pero a la cuarta vez
funciona
y me voy
a pasar la noche en mi habitación.


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Excavadora en un canal.

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En un canal adjunto
una excavadora se balanceaba
en una balsa de madera y barriles
mientras removía del fondo
acumulaciones negras
para dejarlas en un compartimiento
al lado del canal pero que
formaba parte de sus aguas.

En la vereda clausurada
monitoreaban los jefes de obra
desde la sombra de un árbol.
Apoyados en la pared,
daban órdenes con las manos y voz
y siendo dos conversaban a veces.

Yo miraba más la negra mierda húmeda
que totalmente negra y con tiras colgando
parecía la ciudad procesada
y lista para comerse o ser
vendida como combustible.


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Jaiba viva empaquetada.

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Una torre de jaibas vivas
dándote la bienvenida a un restorán.
Están amarradas sus tenazas a sus cuerpos
con cintas blancas de plástico
y solo pueden mover sus ojos
cuando a ellos acercas un dedo.

No parecían vivas las jaibas,
pero sí húmedas y frescas.
La cinta estaba tan apretada,
que sospeché a su tensión contribuía
la fuerza de los brazos gruesos que amarraba.

Era verdad porque apartaron sus ojos.
Se sostenían vivas y haciendo fuerza
hasta seguramente, al cerrar el mall,
morir en su forzado trabajo.

Chino era el local y su portero tailandés
mostraba la viva y tensa torre con sus gestos.
Decía era barato comer adentro invitándonos,
pero yo solo quería ver las jaibas.
Pobres animales en ese momento,
y eternamente dignos una vez muertos.


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036

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La piel, que recubre su cuerpo por entero, está compuesta por una aleación de luz y amianto de vivos tonos blancos y grises, a veces metálicos alcanzan a reflejar matices ocres, rojos, cobrizos y negros constituyen la única protección que tiene contra enterarse visualmente de sus órganos. Yo siempre llego a imaginármelos cuando acostados casi desnudos, siento con mis pies, la mala circulación que tienen los suyos. Están fríos, metal blando y blanco, el contraste que tendrían con la sangre débil roja que los recorre si es que esta tocara el aire también. De ahí a sus vísceras, fértiles y hermosas pero solitarias y deshabitadas. No las puedo pensar desparramadas.


El líquido suele morar en cavernas y grutas naturalmente adaptadas a las necesidades entre territorio y morador. Normalmente, la entrada queda disimulada por la vegetación y los pedruscos pliegues que la rodean. Es estrecha, justa para permitir el paso de los vagabundos atentos porque muchos somos vagabundos del sexo, con lo que las paredes quedan pulimentadas por el continuo roce de sus sucios miembros, si es que se deja de vez en cuando.

Me confundo entre zorra, sangre, piel y la mujer que los acarrea divagar mira se siente como una inundación, nena, cómo generas tus espacios que serán cavernas dentro de tus órganos al fin y al cabo. Veamos, buscar una cueva lo suficientemente amplia como para poder revolverte si eres perseguida, pero no tan grande como para que se pueda esconder un enemigo. Lo que sigue, encontrar la vivienda emitiendo una vibración de ultrasonidos u hormonal qué se yo y captar con esa misma sensibilidad el eco de retorno de las grutas de las cercanías.

Dos cavernas adyacentes; la tuya y la mía o de algún otro hombre, entre nuestros órganos. Luego excavar un pasadizo de la anchura y largo exacto de tu cuerpo que comunique una con otra. Pulir y revisar que no existan grietas ni salidas al exterior. Tapar los huecos inútiles y abrir una pequeña salida que sirva como orificio de ventilación. A medida que aumenten tus necesidades de espacio, excavarás nuevas estancias, creando un conjunto de cuevas en las que podrás vivir con comodidad. He pensado en refugiarme en tus órganos, habitarte ojalá inmunemente follándote de vez en cuando, debo tener esas vías de acceso. Esperemos a que amanezca.


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037

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Mirando por una rendija que da a un sector de la casa que nunca fue ocupado, telas de araña. Me gusta encontrarme con arañas en Algarrobo porque luego me encuentro con jaibas y las recuerdo. De hecho, me traje recién una jaiba seca tamaño tarjeta de crédito pero encontré una más grande en la isla de rocas. La agarré por los costados, se retorcía ante mis pinzas, las suyas sin posible movimiento que le permitiera alcanzar mis dedos. Mirarla un rato. Dejarla en una roca grande para verla moverse, se tiran hacia abajo y buscan urgente una cueva. El mar hace difícil recordar de dónde vienes creo porque andar en un bote a remos encaramarme para mirar el fondo a veces se distingue un color más oscuro, pensar que es una ballena. O una amenaza.


Habían varios animales con nombres que todavía no conozco a pesar de haberlos frecuentado desde pequeño, digámosles potos de mar, un nombre entretenido porque son una especie de cono achatado que termina en un orificio pliegoso de más o menos un centímetro y medio de diámetro. Todo húmedo y viscoso, expulsando suave saliva se arrastra por la parte inferior de las rocas y entre sus grutas. Yo no puedo evitar tantearlo con mi dedo e introducirlo en su boca, recordar una bella zorra y reírme. Lo malo fue cuando decidí lamerlo, solo una lamida y siento mi lengua atrapada por lo áspero y pegajoso miles de tentáculos pequeñísimos succionando. Retirar mi lengua fue difícil más que por dolor por lo extraño e inesperado de la sensación. Hay algunos cafés, negros y verdes. Rara vez se encuentran azules y son sorprendentes por el contraste de su color con el promedio del entorno. Tuve que hacerlo. Quedé con una sensación de mierda en la lengua.

Estrellas de mar, potos de mar, soles de mar, lobos de mar, cucha de mar la wea, la referencia a nuestra querida tierra, nuestro no-mar me es insoportable. Siempre he querido quedarme a dormir en esa isla de rocas pero en la noche la marea sube y la cubre de agua. En todo caso, hay rocas, las mas grandes, que se mantienen asomadas, pasar ahí la noche en vela.

Avanzar este parece un poco terrible. Las olas están bien, digo, las rocas las reciben felices y los cochayuyos las burlan. No hay nada que hacer, nada que escribir, nadie a quien follar, aunque esa hostigosa nada ha sido violada por la dialéctica y desembocado en un inevitable todo. La referencia obliga a la diferenciación, el atrevimiento más mierdoso del hombre. Yo me siento inundado de autorreferencia. Así, quisiera evaporar la osadía asquerosa de nombrar los acontecimientos, la timidez cargando desconfianza y pesadumbre, el pasado actualizado y el acto muerto.


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014

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En el dentista la wea estuvo rara. Casi siempre voy en la tarde, la sala está vagamente iluminada por el día y unas lámparas frías. Las camisas, las paredes, las cortinas ceden a un, odio escribir colores, amarillo de dientes sucios, un poco más claro. Es muy sutil lo amarillento. Mientras me joden en la boca, miro por la ventana, que está al frente mío, escucho los ruidos de las herramientas y de los que las manipulan. De fondo, muy lejano, muy despacio, la radio Romántica, a veces la Beethoven.

Hoy fui a las una. Es un día despejado y la cortina me encandilaba, me tranquilicé mucho. Cerraba los ojos y escuchaba la música, la música perpetua, los sonidos de los instrumentos, la vasta variedad de las puntas para ese pequeño taladro. Las quejas de Antonio ante la sutil incompetencia de la asistente, una de las mujeres más tiernas que he visto en los últimos años. Debe haberla escogido, en parte, por eso. Al abrir los ojos, me encontraba con la ventana, la cortina traslúcida apenas en las sombras, los edificios, etéreos al fondo y un gran pino. ¡Ese pino! Mi memoria lo tiene metido en el culo, oscilando, tranquilo, testigo de mi mueca forzada por el doctor y sus instrumentos.

Vengo aquí desde que nací. En la sala de espera, miraba por la ventana hacia un jardín siempre solitario que rodea una salida de autos. Todo sigue igual y yo he cambiado tanto. Pero los árboles, han crecido y mudado sus hojas, cuántos autos han salido y quizás alguien ha estado ahí. Por supuesto el jardinero, cortando el pasto. Me inunda tanto la velocidad en que la vida me cruza, se me escapa de las manos, que pienso esa estupidez, que todo sigue igual. De ahí nace mi deseo de estabilidad, de arraigarse en una rutina sin sentido, de echar raíces en el pútrido suelo de un apartamento con alfombra, lleno de piel y pelo en sus ranuras. Suspenderme del pulso de la ciudad. Ver como avanza el mundo precipitado desde una ventana, ignorando las batallas magnas que acontecen en mi organismo. Nuestro cuerpo está siempre en guerra, en guerra contra la muerte y perdiendo. Ya, pico, ¿qué mas?, este, claro.

Me estaba poniendo una tapadura en una muela de muy atrás, por lo que me tenía que abrir los labios por el costado con sus dedos. Lo mantenía así largo rato mientras corregía el calce de la tapadura con el hoyo de mi diente. Cuando terminó, el costado de mi labio estaba flácido, tuve una sensación muy desagradable. Como si mi boca fuera un culo al que le dieron chuchamadre y caminara colgando, balbuceando, soltando gases sin querer hasta incluso un poco de mierda. No se quién me dijo por ahí que a los maracos les pasaba eso, también a los viejos, por eso los pañales.

Ayer en la clínica, en Hemodiálisis, quien chucha sabe que es eso, vi a una vieja de muchísima edad con el brazo jodido. Era un hueso frágil del que colgaba piel azul, roja, toda venas. Algunas estaban inflamadas, lo tenía sujetado con dos pinzas metálicas y se arremangaba constantemente. Tenía rostro preocupado, ojos negros y típica ropa de vieja. Yo estaba estremecido, si seguía ahí mucho rato iba a llorar. Por suerte apareció el doctor. Pensé muchas weas viendo a esa vieja. En lo plácidos que la mayoría parecen, como si dentro ya no existiera más lucha. Todos miran como yo quiero mirar desde mi apartamento con alfombra, el mundo ya no los acarrea, avanza al fin como siempre rápido nos hecha apenas un viento fresco en la cara. Dentro el amor que abraza, fuera la noche fría. Lo fatal acontece al fin tan mientras todo pasa nos morimos. Quién fuera apenas sensitivo para no arrastrar el dolor inevitable de ser vivo. Como si la carne ya no nos tentara más que el abrazo estéril de los cojines de un ataúd qué se yo. Luego pensé en su ropa, en sus zapatos, que era donde menos se le notaba la edad. Dentro podrían haber estado los pies más frescos racimos de dedos de alguna que he amado, o muy bien los de esa vieja que no quise imaginarme. Cómo la ropa nos esconde el cuerpo, bla, bla, suficiente con la vieja de mierda.


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25 abr. 2010

021

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Recién se me acabó mi cajetilla de cigarros Viceroy y gracias a dios encontré una de L&M en el suelo, al costado de mi escritorio. La había comprado antes de ayer a las cuatro y media de la mañana para webiar hasta al amanecer con María. Digo webiar porque no follamos, conversamos mucho sentados de frente fumando y tomando una sidra que estaba en el refrigerador de la casa de mi padre. La fui a buscar a la casa de una de sus amigas. Al entrar al auto, se pegó un cabezazo con el marco de la puerta. Acaricié su cabeza, estaba borracha y eufórica. Habló de la luz, mansa como un recuerdo. Yo de la transparencia de los sonidos, sobre todo el silencio. Comentamos sus cuadros, llevaba consigo fotos, luces penetradoras, objetos blandos. Estaba triste porque un amigo de su hermano pequeño se había suicidado hace poco. Hay quienes abogan por la abolición de la muerte. Hay quienes no nacen en protesta. No traté de decir mucho, el weon se tiró de un edificio. María, toma tus píldoras y que dios esté contigo. Caer, pensar que se está flotando un segundo y aterrizar desarmándose, los elementos independizados pero confusos derramados. El agua, el aire, los órganos, la electricidad. Estar listo para el registro. Una vez la vida información retenida por la muerte, álcense los comentarios. Sentí que su voz emanaba desde un abismo, cansada por la relatividad cuándo se sube y cuando descendemos. Tanto precipicio, pero no debo ir tan rápido ni tan seguro. A ver, después sigo con esto, quería decir algo acerca de los cigarrillos.

Los primeros, blancos enteros, me sobraron del carrete de ayer, día sábado, compré una después de almuerzo, se me acabó a las cero horas mas o menos el cambio de día y partí a comprar la que hoy a las siete está vacía. Bueno, los L&M que me estoy fumando ahora son corrientes y el papel que rodea al filtro es de diferente color que el resto blanco. Café claro, crema que se yo como chucha describir un color, con una constelación de pintitas mas claras. Una especie de simulación eufemista e idiota del tabaco que lleva dentro la parte blanca. El filtro es rodeado por tabaco gráfico, como si te estuvieran recordando que los cigarros corrientes son más fuertes, recuerda el tabaco, recuerda el tabaco que esta dentro de este tubo de papel, puta la wea estúpida que estoy hablando. Quería decir que en mi cenicero se suma este nuevo color, contrastando con el blanco que ha pasado y un par de pedacitos de papel impreso blanco también blanco, el cenicero es transparente. Hay, veamos, hasta ahora, quince colillas blancas y tres café, un montón de cenizas, cenicero transparente y en uno de los papelitos impresos se alcanza a leer “algo…”. Asumo, por la siguiente letra que apenas se asoma, solía decir “algodón”. Una etiqueta que corté de uno de mis polerones. Debería borrar este párrafo.

María. Me la he follado antes. Finaliza la conversa y partimos a dormir a mi casa materna. A mi viejo no le gusta la idea de que pueda follar en su casa, a mi madre no le molesta para nada, por eso partimos para allá. No había pensado mucho en follarla hasta ese momento, sabiendo que íbamos a terminar en la cama. Llegamos a las siete y media. Le pedí que durmiéramos desnudos, no quiso. Se quedó con un chaleco, calzones y unos shorts que le tuve que ofrecer para que no durmiera con jeans por la chucha. Juro que no follar no me hubiera molestado en lo más mínimo, solo quería culminar la jornada durmiendo entre cojines y piel. De hecho, al principio me había pedido un buzo, fui a buscar y encontré uno pero decidí esconderlo. Pantalones: menos piel, shorts: por lo menos la pantorrilla y fácil acceso hacia los muslos. El chaleco era corto y suelto, vientre descubierto y entrada liberada a sus tetas o espalda.

Una vez en la cama, noté que sus pies estaban helados pero no le presté atención, a lo más pensé que se entibiarían al frotarlos con los míos. Enseguida me preguntó, sientes lo frío que están mis pies, tengo mala circulación, mira, las puntas de mis manos también están heladas. Me imaginé la sangre arrastrándose dentro de su cuerpo blanco, descuidando las fronteras o luchando en vano por llegar a ellas. La pensé desnuda, marmórea, hundiendo mi colchón con su escaso peso. La pensé enferma, su claro cuerpo hinchado y yo arrebatarle toda el agua que lleva dentro, dejándola amarilla, helada entera. La pensé inhóspita y quise decirle, no te dejes definir.

Nos acariciamos un rato y yo, ávido por desnudez, juntaba la máxima superficie de piel posible con la de ella, con sus sectores expuestos. Dejé la música muy baja y a veces, dormitando, le decía lo mucho que me emocionaban algunas de las canciones que cruzaban el tiempo dilatado por el ánimo que preludia al sueño. Ante la tranquilidad que circundaba, con un movimiento brusco me besó, volviendo rápidamente a la posición anterior. Me extrañó, ya no quería follar, solo caer liviano y abandonarme al tiempo evaporado, dormir. De ahí en adelante nuestros labios empezaron a toparse más seguido. Fueron solo algunos besos dormidos, etéreos por el sueño y la borrachera. Los dos teníamos un aliento de mierda, la lengua ácida y los labios secos. Me gustó de todas formas, dormí feliz hasta que por la chucha madre desperté con un llamado telefónico de mi abuelo. Recuerda que hoy vamos al museo. Eran las once veinte, dormí dos horas. La fui a dejar al paradero, el rastro de la borrachera pasada y pasaban las micros incorrectas. No la acompañé hasta que llegara la suya, mi abuelo me estaba esperando.


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020

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La acidez del aire del centro puede percibirse por el olfato y produce lagrimeo. El malestar físico, el sufrimiento, la angustia y la desintegración de la personalidad son silenciados por el tránsito y el asfalto. Perra, deberías estar acá, dispuesta y paciente, para escucharme con simpatía, contestar mis preguntas, atender mis ansiedades, calmar mis preocupaciones y darme todo el apoyo moral que necesite. Bueno, eso solo lo hacen los doctores apenas, tu estás no se dónde y padeciendo también.

Quizás debería haber celebrado más, digo en la fiesta, haberme esforzado por un chocho, en vez de fumar hierba como idiota. Algunas me conversaron, yo con mis brazos cruzados, vodka tónica en la mano derecha, sentía el roce de sus tetas, sus cinturas. No tenía mucho que hablarles, en esas circunstancias no puedo salir con que a través de la historia, el hombre se ha hecho siempre las mismas preguntas, lo que ha cambiado han sido las respuestas. Nena, a ese cambio de respuestas le llamamos progreso. Yo me quedo con las preguntas, con tu cara de pregunta.

Me dejaron botado, es que estaba recluido en la esquina como imbécil, fumando mi último cigarro, tomando un último concho de cerveza. No estaba esperando nada, la verdad, apenas contemplando lo que me parecía un escenario intrigante. Un gran árbol se alzaba frente a un pasillo aéreo, una especie de puente. Tras el árbol, gris por la falta de luz, pasaban tambaleándose siluetas negras borrachas esperanzadas y putas histéricas. Pensaba: el paso de un hombre corriendo tras un árbol y este que crece y no percibimos su movimiento. Compararnos con cualquier estropajo de la naturaleza me resulta deprimente y recuerdo el mierdoso ritmo que llevamos. A algunos les da intriga y esperanza, se encomiendan gozosos. Nuestro objeto no puede ser buscar, por puta curiosidad estéril, lo que los cadáveres puedan ofrecernos por cosas notables, sino reconocer nuestra celda por signos definidos y síntomas constantemente recurrentes.

Terminé de tomar, salí rápido por el pasillo flotante, aterrado por ser una de las siluetas tras el árbol, me agaché. En la escalera me despedí de Laura, una de las que me había rosado con sus tetas, crucé el salón central y me despedí con odio de los guardias, no me habían dejado entrar una cerveza cuando llegamos.

La alameda y la evaporación pútrida, me puse a caminar. No quería esperar la micro, solo confiar en que si pasara yo estuviera justo en un paradero. Caminé alrededor de un kilómetro y sucedió. Arriba de la micro, esa imagen vasta atenuada por la borrachera. Hombres huesudos, con pómulos salientes, ojos grises somnolientos casi penosamente reflexivos, labios y nariz estrechos, otros gordos y apretados, embutidos en sus trajes, también los viejos con gestos plácidos y el pico derrumbándoseles seguramente. Todos iban a trabajar mientras yo volvía del carrete y entre las pesadas expresiones una mujer de rostro tosco, durmiendo, grandes labios, nariz y ojos dormidos, tambaleándose en su asiento y el ruido y su pelo negro y tengo que bajarme.

En la calle me topé con los travestis, le dije a uno que quería algo, quizás una mamada y me llevó a un lugar de mierda, una entrada de autos muy expuesta. Me toqueteaba pidiéndome que le cancelara antes. Pasó un taxi y corrió a decirle algo, espérame, dijo, pero yo hice lo que sabía iba a hacer desde un principio. Escapé. Estaba al lado de mi casa. Salté la reja y entré por la puerta trasera.

Volverse solo, en micro y borracho, desde un carrete puede ser decepcionante. Tanto que quizás habría pagado por esa mamada si ella no hubiera corrido tras ese taxi. Una vez en la cama todo se desvanece mientras escribo. El ideal que trataremos de realizar, hasta donde alcancen nuestras fuerzas, será la condena diaria del acontecer frustrado. No darse cuenta está bien, emborracharse, perfecto. Pero volver solo sin haberme despedido de nadie importante, ningún buenas noches o nos vemos o cuídate, está mal, joder, quizás, está mal. El sueño se abrirá por razones de interés físico. Se encontró que la apertura de su estómago se había cerrado y endurecido hasta la parte más inferior resultando en que nada podía pasar por ahí a los órganos siguientes, lo que hizo inevitable la muerte.


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Dejemos que todo...

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Dejemos que todo sea
una benigna metáfora del cuerpo
de nuestro cuerpo y los o el de los otros,
dejémonos ser ciudad y pueblo y familia
dejémonos tener un gobierno en la cabeza
que descuide ciertos barrios enfermos
que dictamine y fusile al quebranto
como si hubiera que matar a los que sufren
a lo que sufre.

Si los órganos fueran provincias
no viviría yo en capital alguna
no permitiría que una emoción sea reelecta
ni que aterrice en helicóptero
sobre las válvulas obstruidas,
las acideces y los músculos aislados,
tampoco en los tejidos dependientes
que solo se mueven en cadena.
Si hoy gobierna algo mi cuerpo
sería la pesadumbre y el dolor
porque sigo su curso a través
de mis órganos y sentidos
porque veo como avanza y crece
insertando familias de su tierra madre
en zonas despobladas o muy poco.

Me ha dicho y hecho decir
a mis órganos y estados varios
que se mantengan preguntando
en vez de cambiando las respuestas.
No a todos conozco personalmente
pues la mayoría yacen negros,
envueltos en el telón de piel
en el velo de la vergüenza.
Les envío los mensajes por medio
de los nervios, eficientes carteros
que nunca me han decepcionado,
los nervios, ni devuelto cartas al remitente
al que no sabría contactar personalmente,
en todo caso.

Yo gobierno poco de mi cuerpo
en él soy un tonto turista
tímido pero bien asistido
por guías, artefactos y dineros.
Me presta buenas rutas y posadas,
pocas veces negocia mis solicitudes,
casi siempre a través de remedios
o al dormir o arrepentirse
de no haber aprovechado la estadía.

Sé que el cuerpo me quitará los recuerdos
que se los llevará a la tierra, como alimento.
Así que lo único que siento
que debo hacer con este cuerpo
es lo que hacen algunos familiares o enfermeras
por sus abuelos o pacientes
con la comida:

Mascarla un momento
para que el viejo pueda tragarla
ya con varia de la tarea hecha.
Solo tengo que ayudar a mi cuerpo a morir,
entregárselo bien mascado a la muerte,
facilitarle su digestión descomponiéndome.
Aunque eso no esté del todo
bajo la sombra de mi voluntad desnutrida,
haré lo mejor por esperar y no pretender
que tengo que plantar en vez de consumir.


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