21 jul. 2010

hablamiento

(pedazo)
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Somos todos monstruos frágiles.
Delicadas metralletas sensibles.
Paraísos minados, patios traseros,
bodegas que se llueven y se llenan de cosas que se llenan de polvo.
No son suficientes las goteras para lavarnos,
el tiempo es una pátina demasiado gruesa,
una costra demasiado endurecida.

Solo estando enfermos podemos curarnos.

El amor es una trinchera en el cuerpo que se ama,
un tajo abierto desde donde ejercer el poder,
desde donde disparar los besos.
No queremos que el otro nos satisfaga,
sino mantenerlo en el intento.
Amar es una guerra contra un cuerpo,
las cicatrices son las medallas,
los caminos son el reconocimiento del territorio,
los caminos son el apropiamiento del territorio.
Cómo se hacen esos caminos;
Como termita en una corteza
O tajo o bala o hito o frontera o cicatriz o lunar
Mapas todos
O dibujo o grabado o mancha o marca o huella
En la memoria
En la historia
En el sentimiento ajeno o propio
Una foca una puteada cualquiera
Una espantada
Cualquier señal en el territorio, cualquier establecimiento
establecer mientiendo
se llama estrategia;
estrategia que cuelga hasta la eficiencia,
como la intención cuelga a la decisión,
o la duda a la indiferencia,
asumiendo la fuerza que la languidece.

Apropiamiento es
apropiarse mintiendo
o mentir al sentir que algo es propio
Me apropio y miento
Me apropias y mientes
No necesariamente romántico es un diálogo con los objetos (Pasadas las personas y las penurias que sufro al acercármeles, al acercárseles, al hacer cárceles) Un objeto que te habla no es probable o sí, quizás, la prueba en la prueba, la prueba en la experiencia, la prueba en el uso, en el sometimiento.
Volvemos
Sometimiento es
someter mintiendo
o mentir al decir que algo someto
o que algo me somete
Someto y miento
Al someternos mienten.

Un hombre con un arma es un arma con alma.

El alma del arma no es tan frágil como la del hombre
-o la mujer- y así se despliega
aunque tirite el pulso
el pulso no tirita
igual que la cintura no se mueve tanto
como las caderas
se deja llevar más
no es tan pronunciado el movimiento.
De nuevo
Movimiento es
moverse mintiendo
o mentir al decir que se mueve algo
que se mueve uno
que te mueven
Nos movemos y mentimos
Nos mueven mintiéndonos
Quiero decir, no sé bien:
Para qué mentir tanto (¿?)
O mirad cuánto mentimos (¡!)

Yo escuche decir a Víctor Díaz,
traspasando el derrumbe,
que le gustaba la cara y el hablamiento
de una compañera suya de curso.
El hablamiento
el hablamiento
Y, al fin, ya no
“hablar es
mentir
ni
hablar mientiendo
ni mentir al hablar
ni mentir al decir
al declarar
un declaramiento
Un consentimiento con la mentira”.
No, para qué mentir tanto
No mintamos, hablamientemos
Alimentemos los hablamientos
como el tranquilo y triste
y bello
y afluyente
y todo Víctor Díaz

El hablamiento fluye en vez de mentir, de miento, de pudrimiento o sometimiento o sufrimiento. El sufrimiento es acaso una excusa.
El hablamiento es hablarse a uno mismo a través del otro y al otro a través de uno mismo.
Ninguna solución a mano, a la venta, a menudo, a propósito
Pero sí un sueño, una perversión, un diminuto deseo de asesinato
Un reloj de arena o con alarma aguda y binaria
El temor va desde muchas a muchas partes
De un miedo binario a un miedo a la muerte
Esos son los mientos: los miedos, las mentiras
los mientos
de todas las palabras en este texto que terminan con miento;
sufri estableci apropioa y otros
Todas menos hablamiento
Esa es sagrada lección del ritmo de los terremotos:
El hablamiento de Víctor Díaz.
Cómo perderlo todo, todo se lleva dentro.
Perderse o perderte o perdernos o perderlo.
Zafrada dice hablamiento
Y es de los pocos
Que habla sin miento, sin mentir
Que no miente al hablar
Ni su hablar es una mentira
Ni el habla es un mentir
con él.

Con él,
el habla es una verdad inevitable
Tan bella como un secreto revelado blanco en una foto velada.
Como una bomba que amenaza explotar hace más tiempo que el tiempo
Como prestarle fuego a un petardo y que explote.


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15 jul. 2010

Sueño más antiguo

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Mi ánimo decae al despertarme entremedio de la noche. Es que los recuerdos son agujeros, son heridas punzantes. Me pregunté: ¿Por qué esterilizar las jeringas para inyecciones letales? Lo harán en los hospitales cuando la eutanasia sea legalizada, aunque no sé si en las perreras. Lo hacemos en general, con los finales de los días, con los finales de las jornadas difíciles, de las tareas, de las intenciones, con los finales de las convicciones, al derrumbar una idea, al alzar una decisión. Mis dudas, mis convicciones, respuestas y decisiones cambian como los suelos de la tierra, como los climas. Se transforman de océano a pantano a tundra a bosque a jungla a desierto. Cuidado con los desiertos, los desiertos no se derrumban, no podré vivir en ese suelo de nuevo. Quizás se asoma por entre la arena un alacrán, se hacen ondas en la arena o se estrella un avión. Cuidado con los desiertos interiores, las preguntas muertas. Nunca matar la pregunta, siempre matar las respuestas, o dejarlas pasar como máscaras en un desfile, como un sueño fuera de la memoria. Quizás como con un único detalle que se recuerda de un sueño que no, nuestras convicciones pasadas dejan huellas, ruinas, polvo, ruido, amuletos en nuestra conducta. El sueño más antiguo que se recuerda, que yo recuerdo, es despertarme entremedio de la noche en el camarote que compartía con mi hermana, notar una luz apenas azulada y no levantarme de la cama, mirar desde acostado a la puerta que da al pasillo donde la luz es más fuerte y amarilla, sentir pasos que cruzarán pronto el pasillo y lo cruzan y el que los hacía era una persona, pero solo su esqueleto. Andaba como Pedro por su casa pero no era Pedro era mi mamá que al devolverse entró a mi habitación y sentó sus huesos a los pies de mi cama, apoyando su mano en mi pierna y preguntándome algo que no recuerdo y despidiéndose de un beso sin gesto porque el gesto del beso se hace con los labios no con el esqueleto. Los rostros de las calaveras tienen un gesto fijo, imparcial y casi eterno. Aunque por una intuición había reconocido a mi madre en ese esqueleto, no lograba construir ni alinear su imagen encima de esos huesos vivos. Esta sensación daba tintes de pesadilla al sueño, levemente aterrador, ya que no cundía en mí el pánico, sino solo ese descalce en el reconocimiento de un episodio familiar: el beso de buenas noches. En ese tiempo, en que dormía en camarote, muchos de mis sueños terminaban con esa “caída de pluma”, y cayendo así, con el cuerpo liviano, translúcido, atravezable, traspasaba como un fantasma la cama de mi hermana, arriba de la mía. En ese tiempo ella sufría de ahogos mientras dormida, despertaba emitiendo violentos expectores. Al aterrizar me despertaba. Al aterrizar, un final esterilizado, despertaba con pocos residuos, poca resaca, poco o nada que hacer durante el día, ningún deber, en ese tiempo todavía no iba al jardín infantil.

Segundo Sueño

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Segundo sueño más antiguo, otra pieza, para mi solo, ya iba al jardín infantil. Sueño de una mano humana corriendo dentro de una rueda para hamsters, con su dedo índice y de insulto como piernas. Esto al lado izquierdo de mi cama, dispuesta al lado izquierdo de la puerta, el lado oscuro, no me atrevía a dormir mirando hacia allá, dormía con la puerta abierta, después usaba una lamparita de noche. Pánico absoluto, salí corriendo a la pieza de mis padres en el primer piso y bajando la escalera lastimé mi pié izquierdo. En ese tiempo solía despertarme sin poder despertar bien, sin poder reconocer totalmente la realidad de mi casa, mi pieza, mi espacio, mi cuerpo, mis ojos los que ven. En ese estado intermedio, desprendido de un mundo y del otro, alucinaba movimientos en las cosas y a veces figuras, presencias en la habitación, casi siempre con un aire aterrador, no podía enfocar bien. Esto duraba unos segundos, aunque de tiempo de no estaba conciente. La más frecuente alucinación de ese tipo eran movimientos en las tiras de lana que terminaban mi cubrecama. Parecían gusanos vivos haciendo esfuerzos violentos por desprenderse del cubrecama, saltaba de la cama asustado y prendía la luz.

Esos momentos liminales entre sueño y vigilia siempre me fueron aterradores, esa incapacidad para reconocer, demasiado miedo al desprendimiento, a la no pertenencia. Hace poco tuve uno, desperté sin reconocer nada, ni si quiera mi propio cuerpo y la taquicardia y salté de la cama y bajé la escalera y me asomé a la pieza de mi madre que yacía dormida lo que me tranquilizó.

Sueño, desmiembros

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Sueño con una mujer desnuda encima de una mesa, abierta de piernas pero sin piernas, sino brotes de piernas que se acaban pulcramente a mitad de camino a la rodilla. Aire de esterilización, pinta de inorgánico, quizás biotecnológico. Casa sin decoración, suelo de madera, ampolleta colgando del techo, la mesa y nada más. Algunas personas apoyadas en la pared a veces con vasos en las manos a veces conversando a veces mirándome mientras hago esto: Me acerco a la vagina exhibida en la mesa y me hinco para mirarla de cerca, la toco con incorruptibilidad de médico, pero sin saber lo que estoy buscando. Ella me mira desde arriba y no se inmuta, tiene un chaleco negro el pelo castaño claro y ojos azules. Sigo observando y tanteando me doy cuenta que la pieza de cuerpo que observo, la entrepierna, está separada del resto del cuerpo, se puede desprender limpiamente. Lo hago y me levanto con ella en las manos, observándola ahora impresionado. Miro a la mujer sin coño buscando su aprobación, sonríe leve y asiente con la cabeza diciéndome que siga mi reconocimiento tranquilo. Miro el pedazo de cuerpo por todos lados. Lo pongo a contraluz y se ve rojo, un poco translúcido. Me sorprendo cuando se empieza a mover como desde adentro, como desde alguna articulación interior. Se mueve con fuerza, se mueve entero, como una jaiba cuando se la atrapa por los costados. Me alejo de la propietaria del coño sin devolvérselo, voy a otra pieza de la casa en la que no hay gente, solo una mesa de poca altura, alargada y de piedra, me siento en el suelo y dejo el pedazo de cuerpo en la mesa. Ya no parece un pedazo procedente de un cuerpo, sino que otro cuerpo independiente, cada vez más inorgánico, más pálido, más frío.

Entra la propietaria caminando pesadamente hacia mí. Agarro y levanto su entrepierna de la mesa y me levanto yo también. Antes de que pueda pasársela me la arrebata rápida pero cuidadosamente, con mucho manejo de su pieza desprendida. Por cierto, ahora ella tiene piernas, unas buenas piernas, sólidas, un poco gruesas pero gráciles y bien formadas. Me hace un gesto de desaprobación, me reprocha e insulta pero no recuerdo lo que dijo. Se aleja enojada caminando apurada y tensa.

Más adelante el en mismo sueño, en la misma casa, aunque no recuerdo que pasó entremedio ni que hice para estar involucrado en la situación, me encuentro en otra habitación de la casa, sentado en una mesa apoyado hacia atrás con mis brazos mientras una mujer me lo chupa exaltadamente. Mi pene es absurdamente grande y mientras lo sacude y succiona, se desprende de mi cuerpo y se queda en las manos de ella. Mi pene se desarticula muy limpiamente de mi cuerpo, la mitad de su longitud estaba encajada en mi entrepierna. No noto en ningún momento mis testículos. Ella no parece sorprendida, pero si desmotivada, un poco decepcionada, como con resignación ante no poder ya seguir con su tarea. No me reprocha. Mira mi aparato unos momentos y me lo ofrece de vuelta. No recuerdo habérselo recibido ni ponérmelo de nuevo, mi memoria del sueño termina ahí, recuerdo solamente que era mucho más largo que eso.

8 jul. 2010

PB 1

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1.
La distancia y el tiempo se debaten cual de sus opacidades tapa más rápido. Clausura la trasparencia y abre las transferencias, es que nada desaparece si no se oblitera o tapa, y querer pelar las membranas de la memoria no es como un muro cuando en el luchan pintura y carteles de los espectáculos y otros eventos.

Sacar un vaso de agua en la mañana de la cocina.

Estar tan cansado como se siente el agua dentro o los huesos que acomodándose suenan.

Cambiar de posición mientras la espera.

La forma de pasearse de las miradas en el transporte público o común como los ascensores.

Como se mira a una persona por primera vez sabiendo que nunca más. El disolverse de uno de esos rostros en la memoria, uno solo, ¿se ilumina hasta la transparencia o se desfiguran sus rasgos en un espectáculo horrible?

Por qué muchas veces mientras escribo escucho voces que me presionan e insultan por mi nombre, tendrán que ver con los recuerdos.

Esta ciudad, desde cuándo el hombre se transformó en protagonista.

La piel, desprendida hacia las prendas de vestir. Cuántos cadáveres desparramamos mientras la vida se rehace cuántas veces.

Dormir para distraerse, comer para no pasarlo mal más tarde, trámites vitales igual de impuestos que un peaje o el valor de un sitio.

El típico y viejo círculo que une la procedencia de la enfermedad y el medicamento.


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interludio

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Apago la música
para escuchar lo que está pasando afuera
una celebración de bocinas
el sonido de un grupo de llaves
que salen de un bolsillo
y chocan entre sí
camino a la cerradura
luego prendo el equipo
de nuevo.


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011

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Esa wea que cuando tení una herida en el dedo por haberte carcomido demasiado los cueritos; la apretai con la uña y el dolor se transforma. Parece un gesto histérico, en verdad lo es, pero ahora me refiero solo al cambio de dolor. No importa, ando con una tos de mierda. Me siento rodeado de mi propio semen. Mi alfombra está inundada en semen. Me imagino llegaran a investigar mi pieza con esas luces azules que detectan fluidos corporales, sería toda fluorescente ¿cómo serían las manchas, su disposición?

El viernes hubo un carrete en mi casa. Todo comenzó porque algunos amigos y amigas habían hecho una mano de ketamina, yo ofrecí mi casa para que se picaran tranquilos. Mi familia estaba en Algarrobo, de vacaciones. Partimos desde la universidad como a las seis y media, llegamos a mi casa a las siete. De ahí fueron llegando los otros. Creo que sacaron a diez lucas las seis dosis, ta bien.

La wea es que yo no quise inyectarme porque había tomado LSD. Anto hizo de enfermera, se veía hermosa siendo así tan maternal, inyectándoles la wea a los otros. Paz fue la primera. Le amarró el brazo con una panti morada que sacamos de la pieza de mi hermana. Golpeó despacito su brazo un par de veces para que apareciera la vena, la inyección fue un éxito.

Una frescura se expande desde el punto de contacto hasta el rostro lo duerme cayó en el sillón morado habíamos puesto las almohadas de mi cama. Llevamos casi todos los cojines de mi casa al living para que todos pudieran estar acostados en su volá. El rostro se le desvaneció, no era un rostro dormido, sino que desocupado, inhabitado. El puente que muestra hasta qué punto el suelo de las certezas puede hundirse bajo nuestros pies. La distancia todo distancia y apenas unos tanteos con la mirada con una mano tranquila larga, todas las manos eran largas cuando se alzaban para tantear la distancia sus dedos frágiles se extendían casi alargándose, sé que tocaban algo quizás. Tomó la mano de Mique, siempre inocente y atractiva, que estaba sentada al lado ella, cayó de nuevo. Las cosas se unificaron perdieron profundidad de campo que hermosa manera de extinguir la perspectiva estudiamos arte por la chucha tenemos la perspectiva metida en el culo. Ritmos de planos, no veía bien no estaba presente en lo que estaba viendo, no era ni siquiera un espectador tal vez un espectro, una pantalla misma ella lo que lo rodea lo proyecta desde esos ojos del mismo color de su cara a veces tiritaban. Bosco estaba sentado a sus pies eran quince metros de sillón morado hasta ella que andaba en mi casa como en un barco lo veía desde abajo gigante alzándose, me dijo después. No quiero reproducir nada apenas alguna señal de lo que en el grupo oscilaba. Preguntó por Manuel, su pareja que estaba más allá, cuánto espacio más allá y lo vio desplomándose tranquila de nuevo en el mar púrpura de mi sillón. Una vez follé en ese sillón.

El Manolo estaba al otro lado de la habitación acostado en el suelo sobre unos cojines floreados rojos. Levantaba los brazos, miraba sus manos tocaba su rostro a veces, la mayoría del tiempo estático y gris, suspendido, todos los tiempos, el tiempo claro, en todo caso decía la Anto decía frugelé, era uno, se le antojó una de esas mierdas y pensaba en los caballos se le cruzaban pianos por encima, me senté al lado de él y me miraba con cariño. Despojar lo cotidiano de su manto lógico y estéril para dimensionarlo en su estado esencial, el vacío que cobija, en el que nos acurrucamos. Agarró mi brazo un momento, lo apretó, mi brazo y la distancia, menos mi brazo, agarramos un tubo de metal, uno por cada extremo, me dijo que le gustaba estar drogado conmigo al lado en LSD, a mi no me había pegado todavía.

Lo otros pasaban sus voladas callados exclamando a veces Paz ya estaba saliendo de a poco volvía a nosotros sonriendo, la distancia no se recorre, se evapora. Anto fue la última, estuvo todo el rato preocupada de inyectarle al resto, al fin Paz se lo hizo, desapareció haciendo gemidos echando su cabeza hacia atrás y su cuello se veía bello. Todos se veían bien, yo estaba tan cerca, mi casa, me los imaginé viviendo conmigo, lejos en el tiempo siendo viejos drogándonos de vez en cuando. No recuerdo muy bien sus voladas, al Bosco ya le estaba pegando el ácido estuvimos escuchando a Ornette Coleman, escucho muy poco jazz cuando estoy con ellos, ponemos más rock y psicodelia en general. Manolo estaba maravillado con el free jazz los sonidos le eran pomposos y casi tangibles se adentraba en las frecuencias, Paz en la materia. Hablé un rato de Ornette. Yo andaba por ahí mirando sonriendo mucho porque de verdad sentía que todos ellos me cruzaban me atravesaban sonriendo también y mi casa era mi cuerpo, todo estaba dentro mío, abierto. Tenía un saxo andino y tocaba melodías orientales a veces monótonas, vibraciones doblando una nota siempre calzaban, las hacía para ellos. Yo era para ellos. Cuánto saben los caballos, decía Manolo; usan la ketamina para dormirlos y operarlos.


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008

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Cuando recorro esta pieza siempre pienso en lo poco que recuerdo de mi vida, mas la cantidad de cosas que he acumulado me calman un poco. También pienso en el polvo que se ha ido instalando en las fisuras, en la alfombra, en las superficies altas ¡Cómo marca un compás entre los elementos! Escuché hace tiempo en un programa de televisión que un altísimo porcentaje del polvo de las habitaciones está formado por pequeñísimos pedazos de la piel que a su dueño se le cae a diario. Me hace gracia pensarlo, no como cuando me encuentro nudos de pelo y tengo que tirarlos. A veces prefiero pensar que experimentar. En ocasiones, adherido al pelo hay semen seco. Lo sé porque encuentro las weas justo donde tiro mi semen cuando me corro la paja. Piel, pelo y semen: lo que del cuerpo cambia más rápidamente. Me gustaría que alguna de las minas que traigo aquí lo pensara, el contacto que hace con mi cuerpo desde el momento en que entra. Que lo pensara mientras follamos y quisiera detenerse. Sería bueno que me lo explicara después, trataría de entenderlo. Algunas minas no quieren que las entiendan, sino mantenerte en el intento. No me quejo para nada. Ayer me desperté a las seis de la mañana junto a un cuerpo blanco iluminado por el sol que hace mierda mi pieza en las mañanas, María. Venía de un sueño terrible y no reconocí la situación. Ella se despertó también. Tenía la pintura de ojos corrida y se veía hermosa, no pensé eso entonces. Cuando nos miramos pregunté ¿qué? como si no creyera lo que pasaba. Volví a dormir, me lo contó más tarde en la misma mañana mientras la iba a dejar a su casa. Tenía que ir al aniversario del funeral de su abuelo, me hizo despertarme a las nueve cuarenta habiendo cedido por media hora. Lo aprecié, pero de todas formas una mierda. Odio ir a dejar por la mañana a las mujeres con que paso la noche. Además del disgusto que es levantarse temprano y tener que conducir con los ojos pegotes después de una noche de follar, durante el viaje se siente una extraña tristeza frente a lo efímero de una noche de esas, se deshace un nudo al soltarlo, nunca pensé que iba a ser tan sencillo desenredarlo. Al menos los pelos modificaron en algo su forma, lástima que ya se me habían desprendido del cuerpo. En fin, prefiero que se despidan en la puerta de mi casa, verlas caminar por la acera y volver a dormir.

Hoy me desperté con un feliz recuerdo de su cuerpo desnudo, asomándose pálido por la puerta para asegurarse que no hubiera nadie de mi familia que la viera en su ida al baño. Luego agradecí ya haber pasado por la mierda de ir a dejarla, estar solo y tener todo el día para revisar los hechos, escribir un par de poemas, escribir esto, qué se yo. Decidí faltar a clases para aprovecharlo. En la tarde quise llamarla para preguntarle como había pasado la ceremonia, pero no lo hice. Encontré el condón usado envuelto en una hoja de este cuaderno en mi cajón. Pensé que eso podría ser un buen poema, me arrepentí y lo boté.


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005

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Ha pasado el día. Me puse a leer. Estaba terminando el libro y me llamó Violeta. Dijo que andaba por estos lados y que iba pasar a verme un rato. No alcancé a terminar el capítulo y acá estaba, irresistible como siempre, con sus grandes tetas y finos muslos, sus ojos tristes aunque no conoce el sufrimiento. Conversamos un rato, la toquetié, nos interrumpió mi hermana pequeña. Mala cuea, dijo que tenía que irse, la acompañé. Por la calle, nos robamos una flor morada del patio de una casa, imaginé la reacción de los dueños al enterarse, era la única. Dejé a Violeta en la puerta de la casa de su amiga a la que iba a visitar, cumplía años. Le toqué el culo al despedirme.

Tengo que dormirme ahora para mañana despertarme temprano sin problemas. El tiempo está arrastrándome siempre deseo que me suelte y tenga que volver por mí. No creo que pueda decidir; ante la frustración, el deseo. Desear es reservar una habitación por anticipado. Cuando preparamos mucho un viaje las expectativas pueden llegar a ser hostiles, espero me abandonen y poder caer tranquilo en la cama esté donde esté necesito dormir. Levantarse es un gran paso, una decisión terrible reconsiderar la vida cada mañana, el acto, comer es diferente y el deseo, al menos la satisfacción de ser servido. Levantarse mañana será difícil. Tener que desprenderse de la sabana blanda arrastrar contigo el molde generado en el colchón. El invierno está lloviendo, objetivarse en la universidad, pensar en las weas que he escrito mientras paso el rato en los patios de la facultad de ciencias, de artes. A veces me sentía bien, siempre un poco triste pero bien.


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002

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Algo se está pudriendo, ningún olor es malo. No quiero quejarme de había una vez. Contar algo para hacer esto más dinámico, más palpitante, algún acontecimiento. No sé si escribí ayer cuando llegué de carretear.

“Tu tiempo comienza ahora”, me dice mi hermana pequeña de la nada apuntándome con una espada de juguete. Al desplegarse la espada dicta una triste canción con ese timbre característico de los juguetes, un sonido frío y chillón, con leves desafinaciones como cuando tiembla una voz nerviosa. Estábamos almorzando papas duquesas con tortilla de zanahoria y pavo, miré a mi madre, me sentí decaído y triste de nuevo, el paso del tiempo, la independencia de cada segundo, lo perpetuo ahogándolo todo. Solo hay comienzos mientras algo se va de las manos. Seguramente sacó esa frase de una película, su educación fragmentando la continuidad. Terminaron de comer.


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7 jul. 2010

Abierta Cima Del Día

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Abierta cima del día.

Pronto río de insomnio, y la culpa de si subirse o combatirlo. Traté de combatirlo, con las viejas y bienintencionadas técnicas, inútiles a estas alturas pero como un tierno recuerdo, consejos amables de abuelos muertos, o familias de padres en ese entonces unidos. Subirse sería aprovechar esas horas etéreas y diseccionadas, atravesarlas con estima y atento a los trastornos. Alzar una silueta entre la niebla y observar cuánto tarda en cubrirse de nieve. Rechazar las expectativas horarias que la culpa por no producir me produce.

He tratado de pintar con blanco la interacción lumínica que se da en la superficie interior de los párpados cuando los ojos cerrados. También de relajar el cuerpo por sectores ascendiendo hasta la mandíbula como cierre del rostro. Pero nada funciona, nada me duerme, no he podido asesinar este maldito día. He llegado hasta acá finalmente. Hasta esta luz que se desmaya en reversa, lánguida apoderándose de los inmuebles hasta que ojalá los incendiara en un par de horas. Esta indiscutible luz de amanecida. Es que me es más difícil sembrarme en dudas durante el día.

Cargo el frío matinal en la espalda y en los pies principalmente. Una marcha pacífica de quince en la montaña se me viene a la cabeza. Y la imagen de un muerto; la carga de cemento que sostiene la bolla a la que se amarran los botes, lleno de musgo, frágil en el agua. Una comunidad de crustáceos, unos encima de otros y entre las algas, haciendo una extraña fuerza para mantener el cuerpo hundido.

No comentan lo que pasa arriba, El reflejo de la superficie del agua mirado desde sumergido es hermoso. Si es que intenté relajar la actividad mental, me fue imposible, solo la guié a extenderse sobre llanuras más planas. Pero con la misma intensidad, está lleno de insectos. No pude abrirme camino por los espacios entre pensamiento y pensamiento. No pude detener las amebas negras, dejar de seguirlas con las pupilas, dentro del cerrado almacén ocular. Todo se abrirá en pronto intervalo. Las siempre recurrentes cortinas de metal corrugado de las tiendas y para qué seguir nombrando. Porque yo me estaré cerrando, al fin con sueño, hacia el descanso impuesto por el pulso de la tierra.


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Una pared de polvo iluminado
parte desde donde no se alcanzan a juntar las cortinas
y me alcanza entumecido
pero el frío no me destruye
apreté los dientes muchos días.
Dejé tiritar la pierna
muchas horas
debajo de la mesa.
Yo calentaba mis manos
metiéndomelas al pico, siempre
y mis amigos cercanos
de los que no escondía ese gesto
ya no me querían dar la mano.
Entonces les prometí
que lo haría solo con la izquierda
pero era una mentira.

El día que llega me calma el rostro
me aprieta los dedos contra las manos
me hace querer morder la acera
y me da ganas de estar enfermo
tranquilamente enfermo
de rabia
de pena hambrienta
asomado por la ventana
escupiéndole a los transeúntes
diciéndoles
llévense el cuerpo
a otra parte
quiero ver la ciudad muerta
quiero ver la herida que dejamos en el suelo
la cicatriz de la civilización.
Pero después me arrepiento
y pienso que de esta habitación
no se sale por la puerta
no se sale perforando las paredes
ni curvando los barrotes
se sale perdiendo la esperanza
de salir.


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Boca, Iris, Pupila (Despertando)

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Si cuando hallamos abierto la boca
ante el diario temblar de la alarma
se nos abra también la cortina
entonces la luz tremenda, continua
hará al fin su tarea escondida.

Secarnos los restos de comida
entre los dientes de la cara abierta.
Devolverle el color a nuestros iris
que moraban oscuros en la vista caída.

Cada uno tendrá su color de nuevo
y aunque debilitado por el tiempo
será rojo, verde, café y hasta negro
pero no tan negro como la pupila.

Entonces ese indeterminado agujero,
esa fosa de tristes dimensiones
por donde la luz nos perfora el conocimiento
será otra vez lo más negro del rostro.
Será el recuerdo tranquilo y doloroso
de que mirar también es un abismo.


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