23 mar. 2012

Distraído con Liubitza

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la cena es muda pero la noche estruendosa
poco se mete con plato al microondas
el queso derretido se seca y endurece
junto a las migas de pan pegadas

los pocillos, platos y vasos quedan en el pasillo
las puertas rebotan con los tropiezos
y el sueño es lo último que se puede alcanzar

salgo en auto a pasear por el bufé libre de culpas
de las calles Ramón Carnicer, Copiapó e incluso la muerta Holanda
ahora que Javiera se fue a España, Holanda está muerto.
subo a Liubitza, fea y barata
me pasan por la cabeza desagradables pensamientos:

mi padre vuelve a la casa de su divorcio
donde el juicio lo declaró violento
donde el juicio declaró su amor fallido
donde vio hacerse a su esposa alcohólica
y a sus hijos deprimirse.
vuelve después de trece años
la casa se alegra de haberlo perdido
llora y me anuncia el último momento
sus ojos verdes parecen gotas al fin.
luego un tigre se desgarra desde el vientre
una hoja de aire lo abre y de su estómago salen
jaulas doradas con pájaros entumecidos, las recojo.
al tigre le crece una melena de pelos gruesos como tallarines
y yo hincado con una jaula en cada mano
me percato de que estamos en un callejón
donde vivía un antiguo amigo.
mi hermano con diez años menos me mira
esperando que le ofrezca una de las jaulas.
el canal de Chacao se está congelando
miro las islas y en el cielo
viaja una gigantesca nube volcánica.
el mar se endurece y se transforma
en un desierto de turmalina negra.

aprieto mi culo para terminar rápido
ella está apoyada en el auto con la falda arriba
las medias abajo y el calzón corrido
sacudo mi mente de las tonteras
y vuelvo a su culo, agarrándola de la cintura con fuerza
me pide que termine
el raro acento de su voz travestida
me recuerda a alguien
termino sin irme
mi mente no ha dejado el tiempo
solo una sensación local, solo semen que sale.

los condones se rompen en el culo
ellas reaccionan en seguida
si no se recoge la evidencia,
la envoltura queda en el auto
y el condón en la calle.
en la mañana se quemará
y la vieja espantada lamentará los nuevos tiempos
en que los rastros de un sexo ilícito
amanecen en la vereda,
una evocación impresionante.

la dejo donde la recogí
no quiero volver a casa
hay pisco en la maleta
manejo hasta el río
mi cuerpo no se alegra con los tragos
sin embargo
la abjuración me aterroriza suavemente
porque quizás vuelva con Camila
y no había hecho esto desde hace un año
mi cuerpo no se alegra
por el río gris ni por su cauce de cemento.




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