23 mar. 2012

Un Cuerpo

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Un cuerpo blanco que recorro, que rasgo, que habito, que muerdo, que incinero, que aparto, que quemo con colillas, que arrastro por la vergüenza. Un cuerpo blanco sin pulso pero tiritando todavía en mi memoria, tiritando todavía como la última estrella en un cielo sin viento. Un cuerpo que no es mío ni de ella ni de la tierra con sus organismos. Un cuerpo que florece como la culpa, que prolifera como las enfermedades en las bocas que beben aguas servidas. Un cuerpo sin nombre, avergonzado de sus genitales, con la conciencia tan debilitada como la lengua que defiende sus convicciones. Un cuerpo gris que mido y calculo, que imagino desparramado, repartido, abierto, invertebrado, inventariado, vendido, escondido en un rincón de una vitrina polarizada, privado de luz y aire, tratado con aceites hirviendo, castigado y perdonado, apátrido y sin historia, sin pasos encima, sin caminos detrás, solo surcos, estelas, rastros todos borrados por vientos, mareas, incendios. Un cuerpo azul sin aire, sin agua, sin mirada, sin pelo ni sustancias siendo digeridas. Un cuerpo negro, un cuerpo que hirvió burbujeante hasta que el humo negro dejó solo el esternón flotando río abajo para encallar luego en la contaminada orilla junto a las negras vacas y las bolsas plásticas y las prendas inútiles. Aguas contaminadas por bautizos, penas y culpas lavadas entre los microbios. Aguas verdes que en la noche se encienden con los reflejos de las piras incendiarias funerarias, las fogatas que se llevan los restos sucios de la piel y los órganos. Pirámides de fuego que anuncian nueva vida. Un cuerpo naranjo desvanecido, disuelto, desintegrado, evaporado al cielo que no espera a nadie. Un cuerpo verde, morado, amarillo. Mi cuerpo que he robado a la permanencia. Mi cuerpo, una caja musical con la manivela averiada, guardado en cajones dispersos. Un cuerpo cuya melodía no sirve, no aparece. Un cuerpo con el que me acosté ayer en un colchón sin sábanas, en una pieza que no es mía ni arrendada. Un cuerpo blanco con grandes y finas tetas que se avergüenza de que mi boca se acerque a su vagina. Un cuerpo que se tropieza al bajar la escalera. Un cuerpo que tiñe piedras con sangre sin oxígeno. Un cuerpo, un cuerpo, un cuerpo con el que engaño a mi esposa.



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