8 dic. 2011

Tu Eres El Imperio (fragmento)

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Convocados presentes, la ciudad está a sus pies y aunque es resbalosa pueden recorrerla sin cuidado, sin o si es que creyendo. Pueden estornudar y patinar en ella. Pueden inyectarse conciencia por un momento, al ver a sus vagabundos y drogadictos. Ustedes tienen el tenedor abierto, el bufé libre de adicciones. Un descompromiso tremendo pero también un privilegio.
    Suyo el imperio
    Suyo es el imperio
Suya es la calma al destruir y el derecho a soberbia al construir.
Suya es la boca que pronuncia el discurso
Suyos sus gustos y músculos, su saliva y glándulas.
Suyos los nuevos dientes y los viejos también si los guardan.

He ordenado a mis agentes garantizar vuestra permanencia, imperecederos.

Suya es su piel; perfórenla si quieren, entíntenla,
             véndanla, córtenla, tóquenla y
             déjenla ser tocada, ejercítenla,
             manténgala tensa a medida que envejezcan.
             Conozcan sus protuberancias, costras, juanetes,
             pelos y uñas encarnadas, sus arrugas, espinillas,
             cicatrices, sus vergüenzas.
             Conozcan el curso de las venas que sobresalen.
           
             Imagínense, hacia dentro, la continuidad de sus huesos.
             Observen los pliegues que aparecen cuando mueven sus
             articulaciones, cuando tocan contra algo.
             Su piel; observen como se seca, sumérjanla en pegamento,
             colafrías, neoprenos, ropa.
             Hagan de ella un mapa sin nombres.
             Cuélguenla de ganchos, arneses, cuerda.
             Cúbranla de hojas, reemplácenla por corteza de árbol.
             Fumíguenla, déjenla ser llovida, nevada por la intemperie.
             Rastreen su decadencia, sean cómplices de su dudosa
             apariencia, sométanla a exámenes médicos, aunque
             haya que esperar y pagar.
             Localicen sus lunares; benignos o cancerígenos,
             opérense esos últimos, guárdenlos en un frasco.
                 
             Imagínense hacia dentro, la continuidad interna
             de su aspecto,   ¿Responde a aquellas vísceras
                                        su gesto?
             ¿Responde a esa oscuridad tremenda su envoltorio?
             ¿Acaso no está al tanto de la noche permanente
             que su piel esconde?
             ¿Acaso no sabe que por dentro somos negros?
           
             Bajo esa piel, en esa oscuridad,
             acontecen las más violentas batallas.




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