6 may. 2010

Jaiba viva empaquetada.

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Una torre de jaibas vivas
dándote la bienvenida a un restorán.
Están amarradas sus tenazas a sus cuerpos
con cintas blancas de plástico
y solo pueden mover sus ojos
cuando a ellos acercas un dedo.

No parecían vivas las jaibas,
pero sí húmedas y frescas.
La cinta estaba tan apretada,
que sospeché a su tensión contribuía
la fuerza de los brazos gruesos que amarraba.

Era verdad porque apartaron sus ojos.
Se sostenían vivas y haciendo fuerza
hasta seguramente, al cerrar el mall,
morir en su forzado trabajo.

Chino era el local y su portero tailandés
mostraba la viva y tensa torre con sus gestos.
Decía era barato comer adentro invitándonos,
pero yo solo quería ver las jaibas.
Pobres animales en ese momento,
y eternamente dignos una vez muertos.


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