9 may. 2010

Tren

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Despertándome entremedio,
tiritaban como en todo el camino
los ventiladores, los engranajes y paredes.
Los veía por un momento, a oscuras todavía
esforzándose por transportarme,
tiritándome también.
Parecían tan iluminados, los ventiladores,
como si mis ojos fueran los focos lánguidos
que los hacían visibles.

Estaban solo las máquinas despiertas,
solo abiertas las ventanas,
porque todos los rostros descansaban
y todos los ojos dormían.
Más adelante, despertándome entremedio,
vi rostros encendidos y cuerpos sentados.
Lo digo así porque me sentí solo,
como muchas veces despertándome
y quizás como otros se deben sentir
al despertar, veamos:
Entre único y abandonado
lejos de todo y sin razón para acercárseles.
Sin razón para hacer cárceles.

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Había niebla afuera y poblados pobres
pero yo venía pensando en otra cosa,
en el aire frío que me llegaba,
y en si es que podría llegar a resfriarme.
En que si lamiera las paredes,
de qué podría contagiarme.
En cómo actuaría si realmente vinieran
a cobrarme la multa por fumar adentro.
En qué decirle si es que me atreviera,
a una mujer bella.
Ya no entiendo lo que hicieron conmigo.
Ya no sé lo que vivimos juntos.
Yo estaba pensando
en que el hijo de puta que bloqueaba la puerta
se corriera un poco para dejarme ver
el paisaje de nuevo y olvidarme.


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