7 jul. 2010

Abierta Cima Del Día

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Abierta cima del día.

Pronto río de insomnio, y la culpa de si subirse o combatirlo. Traté de combatirlo, con las viejas y bienintencionadas técnicas, inútiles a estas alturas pero como un tierno recuerdo, consejos amables de abuelos muertos, o familias de padres en ese entonces unidos. Subirse sería aprovechar esas horas etéreas y diseccionadas, atravesarlas con estima y atento a los trastornos. Alzar una silueta entre la niebla y observar cuánto tarda en cubrirse de nieve. Rechazar las expectativas horarias que la culpa por no producir me produce.

He tratado de pintar con blanco la interacción lumínica que se da en la superficie interior de los párpados cuando los ojos cerrados. También de relajar el cuerpo por sectores ascendiendo hasta la mandíbula como cierre del rostro. Pero nada funciona, nada me duerme, no he podido asesinar este maldito día. He llegado hasta acá finalmente. Hasta esta luz que se desmaya en reversa, lánguida apoderándose de los inmuebles hasta que ojalá los incendiara en un par de horas. Esta indiscutible luz de amanecida. Es que me es más difícil sembrarme en dudas durante el día.

Cargo el frío matinal en la espalda y en los pies principalmente. Una marcha pacífica de quince en la montaña se me viene a la cabeza. Y la imagen de un muerto; la carga de cemento que sostiene la bolla a la que se amarran los botes, lleno de musgo, frágil en el agua. Una comunidad de crustáceos, unos encima de otros y entre las algas, haciendo una extraña fuerza para mantener el cuerpo hundido.

No comentan lo que pasa arriba, El reflejo de la superficie del agua mirado desde sumergido es hermoso. Si es que intenté relajar la actividad mental, me fue imposible, solo la guié a extenderse sobre llanuras más planas. Pero con la misma intensidad, está lleno de insectos. No pude abrirme camino por los espacios entre pensamiento y pensamiento. No pude detener las amebas negras, dejar de seguirlas con las pupilas, dentro del cerrado almacén ocular. Todo se abrirá en pronto intervalo. Las siempre recurrentes cortinas de metal corrugado de las tiendas y para qué seguir nombrando. Porque yo me estaré cerrando, al fin con sueño, hacia el descanso impuesto por el pulso de la tierra.


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