15 jul. 2010

Sueño, desmiembros

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Sueño con una mujer desnuda encima de una mesa, abierta de piernas pero sin piernas, sino brotes de piernas que se acaban pulcramente a mitad de camino a la rodilla. Aire de esterilización, pinta de inorgánico, quizás biotecnológico. Casa sin decoración, suelo de madera, ampolleta colgando del techo, la mesa y nada más. Algunas personas apoyadas en la pared a veces con vasos en las manos a veces conversando a veces mirándome mientras hago esto: Me acerco a la vagina exhibida en la mesa y me hinco para mirarla de cerca, la toco con incorruptibilidad de médico, pero sin saber lo que estoy buscando. Ella me mira desde arriba y no se inmuta, tiene un chaleco negro el pelo castaño claro y ojos azules. Sigo observando y tanteando me doy cuenta que la pieza de cuerpo que observo, la entrepierna, está separada del resto del cuerpo, se puede desprender limpiamente. Lo hago y me levanto con ella en las manos, observándola ahora impresionado. Miro a la mujer sin coño buscando su aprobación, sonríe leve y asiente con la cabeza diciéndome que siga mi reconocimiento tranquilo. Miro el pedazo de cuerpo por todos lados. Lo pongo a contraluz y se ve rojo, un poco translúcido. Me sorprendo cuando se empieza a mover como desde adentro, como desde alguna articulación interior. Se mueve con fuerza, se mueve entero, como una jaiba cuando se la atrapa por los costados. Me alejo de la propietaria del coño sin devolvérselo, voy a otra pieza de la casa en la que no hay gente, solo una mesa de poca altura, alargada y de piedra, me siento en el suelo y dejo el pedazo de cuerpo en la mesa. Ya no parece un pedazo procedente de un cuerpo, sino que otro cuerpo independiente, cada vez más inorgánico, más pálido, más frío.

Entra la propietaria caminando pesadamente hacia mí. Agarro y levanto su entrepierna de la mesa y me levanto yo también. Antes de que pueda pasársela me la arrebata rápida pero cuidadosamente, con mucho manejo de su pieza desprendida. Por cierto, ahora ella tiene piernas, unas buenas piernas, sólidas, un poco gruesas pero gráciles y bien formadas. Me hace un gesto de desaprobación, me reprocha e insulta pero no recuerdo lo que dijo. Se aleja enojada caminando apurada y tensa.

Más adelante el en mismo sueño, en la misma casa, aunque no recuerdo que pasó entremedio ni que hice para estar involucrado en la situación, me encuentro en otra habitación de la casa, sentado en una mesa apoyado hacia atrás con mis brazos mientras una mujer me lo chupa exaltadamente. Mi pene es absurdamente grande y mientras lo sacude y succiona, se desprende de mi cuerpo y se queda en las manos de ella. Mi pene se desarticula muy limpiamente de mi cuerpo, la mitad de su longitud estaba encajada en mi entrepierna. No noto en ningún momento mis testículos. Ella no parece sorprendida, pero si desmotivada, un poco decepcionada, como con resignación ante no poder ya seguir con su tarea. No me reprocha. Mira mi aparato unos momentos y me lo ofrece de vuelta. No recuerdo habérselo recibido ni ponérmelo de nuevo, mi memoria del sueño termina ahí, recuerdo solamente que era mucho más largo que eso.

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