8 jul. 2010

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Ha pasado el día. Me puse a leer. Estaba terminando el libro y me llamó Violeta. Dijo que andaba por estos lados y que iba pasar a verme un rato. No alcancé a terminar el capítulo y acá estaba, irresistible como siempre, con sus grandes tetas y finos muslos, sus ojos tristes aunque no conoce el sufrimiento. Conversamos un rato, la toquetié, nos interrumpió mi hermana pequeña. Mala cuea, dijo que tenía que irse, la acompañé. Por la calle, nos robamos una flor morada del patio de una casa, imaginé la reacción de los dueños al enterarse, era la única. Dejé a Violeta en la puerta de la casa de su amiga a la que iba a visitar, cumplía años. Le toqué el culo al despedirme.

Tengo que dormirme ahora para mañana despertarme temprano sin problemas. El tiempo está arrastrándome siempre deseo que me suelte y tenga que volver por mí. No creo que pueda decidir; ante la frustración, el deseo. Desear es reservar una habitación por anticipado. Cuando preparamos mucho un viaje las expectativas pueden llegar a ser hostiles, espero me abandonen y poder caer tranquilo en la cama esté donde esté necesito dormir. Levantarse es un gran paso, una decisión terrible reconsiderar la vida cada mañana, el acto, comer es diferente y el deseo, al menos la satisfacción de ser servido. Levantarse mañana será difícil. Tener que desprenderse de la sabana blanda arrastrar contigo el molde generado en el colchón. El invierno está lloviendo, objetivarse en la universidad, pensar en las weas que he escrito mientras paso el rato en los patios de la facultad de ciencias, de artes. A veces me sentía bien, siempre un poco triste pero bien.


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