22 abr. 2010

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Mi hermana me despierta a las nueve de la noche, toca la puerta y abre en seguida sin esperar respuesta. Digo estoy durmiendo, dice es urgente. Digo estoy durmiendo, dice que es urgente. Me levanto, visto y voy a su pieza, donde me espera con mi hermano, me informan, quedó la cagada, la mamá se pitió, Marcelo se fue de la casa, la mamá está dopada con seroquel en su pieza con la Paloma, le está diciendo weas, onda tu papá se fue para siempre, nos dejó y mierdas. Esta weá me cae en pesar y sorpresa como hace mucho no me caía algo encima.


Yo había dormido todo el día porque la noche anterior había pasado de largo, con un amigo, visto películas, escuchado música, tomado hasta borrachos pero no borrados. Por más fuimos a una montaña a las seis de la mañana para ver como se iluminaba la ciudad. Con lo último de pito, con nada ya para tomar. Amaneció mientras conversábamos, de nuestras minas, de arte, de personas, de las personas, de la gente, de la droga, de cuanta mierda y me puse a levantar rocas para encontrar vida. En la primera, una culebra, acababa de comer, supe por su bulto en la mitad del cuerpo, por su limitada energía debido a los esfuerzos de la digestión. La tomamos y miramos un rato, era hermosa. En la segunda roca, una lagartija gorda y colorida, que corrió a esconderse, había perdido su cola hace poco y le estaba empezando a crecer, no la cogimos. En la tercera, una colonia de chanchitos de tierra. Luego fuimos a tomar desayuno, un litro y medio de jugo de frutas. Me llamó mi madre, no contesté, lo llamaron de su casa, no contestó, otra vez, contestó, era su mina, lo había ido a visitar, eran las once y media. Fumamos el último cigarrillo y a la casa. Al llegar a la mía llamo a mi mina, le digo si nos podemos ver un momento, me dice que tiene hora al psiquiatra a las una y que sale a las dos, tomo dos vasos grandes de café, la voy a buscar a las dos a la salida del edificio. Un minuto antes de que llegue, me llama al celular casi gritando, llámame, llámame, cosa que detesto. No habíamos hablado el día anterior y peleado los cuatro antes de ese. Se sube al auto y le digo puta de mierda, quién crees que soy, veo en su actitud y mirada que pretende terminar con todo de una vez, le digo puta de mierda, me dice ándame a dejar a mi casa, le digo puta de mierda, no soy un taxi, te vas a mi casa a conversar la wea. En mi casa la misma mierda de siempre, no puedo seguir contigo, me tratas muy mal, y tu weona barsa toda la mierda que me hiciste y esperas que te atienda como tu serviente. Ándate a la chucha puta culiá, estas incapacitada para amar, cuando te pido algo, me exiges de vuelta, no soportas que quiera hacer cosas diferentes a juntarme contigo, esta mierda de relación es un asco, lo paso pésimo, lo pasamos pésimo, se acabó, una relación intermitente de siete años, pero se acabó. Puta de mierda, te voy a llamar un taxi y pagarlo, no quiero tener nuestro último momento imbécil metidos en un auto mirando hacia el frente sin más nada que decir que la mierda en que nos transformamos. Le tiro la plata en la cara, se rie y me dice, solo te falta decirme puta, la miro, puta. Llega el taxi en dos minutos, la voy a dejar a la puerta. Con la puerta abierta y ella afuera, se torna y me dice oye, acercándoseme un poco, le digo andate a la mierda y la empujo, mientras cierro la puerta fuerte, no me llames más. En mi cama fumo marihuana. Me duermo.

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