21 abr. 2010

Gatos callejeros

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En el mercado de amuletos
había un gato con nariz de cerdo.
Herida desde el frente
y aplanada hacia sus ojos
parecía
como si se hubiera o le hubiesen
quemado el hocico con una plancha
hirviendo, tal como le queman el pico
a los pollitos en algún criadero de carne
o matadero de animales.
Lo vi al pasar y al devolverme,
junto a tantos otros que todavía
no acaricio por no atreverme.

Al pollo no le cortan la cabeza,
algunos gatos se sientan de poto
con los brazos a los lados
se lamen el pecho y la barriga
les sobresale.

Muchos gatos tienen parte del rostro
destruido pero no su cuerpo porque
este es flaco de manera esbelta
y siendo gatos de la calle
quizás adoptados por los finales del mercado
que deja sus restos húmedos cada vez
que en la tarde se prepara el cielo
para deshacerse en brusca agua.

Miran mucho el suelo, están cansados
y adheridos al pavimento, no hacen
nada por encontrar comida, flotan y duermen
en ella, tocen pero no están enfermos
sino ociosos y a veces perseguidos por tontos perros
o persiguiendo lagartijas, ratas y ardillas,
no botan pelo porque tienen poco ni se asustan mucho
no tienen donde esconderse sin morirse
de calor, por lo que se sirven de las instalaciones humanas,
que lubrican más aún el aire húmedo con aceite
todo el día hirviendo y sirviendo.

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