25 abr. 2010

Dejemos que todo...

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Dejemos que todo sea
una benigna metáfora del cuerpo
de nuestro cuerpo y los o el de los otros,
dejémonos ser ciudad y pueblo y familia
dejémonos tener un gobierno en la cabeza
que descuide ciertos barrios enfermos
que dictamine y fusile al quebranto
como si hubiera que matar a los que sufren
a lo que sufre.

Si los órganos fueran provincias
no viviría yo en capital alguna
no permitiría que una emoción sea reelecta
ni que aterrice en helicóptero
sobre las válvulas obstruidas,
las acideces y los músculos aislados,
tampoco en los tejidos dependientes
que solo se mueven en cadena.
Si hoy gobierna algo mi cuerpo
sería la pesadumbre y el dolor
porque sigo su curso a través
de mis órganos y sentidos
porque veo como avanza y crece
insertando familias de su tierra madre
en zonas despobladas o muy poco.

Me ha dicho y hecho decir
a mis órganos y estados varios
que se mantengan preguntando
en vez de cambiando las respuestas.
No a todos conozco personalmente
pues la mayoría yacen negros,
envueltos en el telón de piel
en el velo de la vergüenza.
Les envío los mensajes por medio
de los nervios, eficientes carteros
que nunca me han decepcionado,
los nervios, ni devuelto cartas al remitente
al que no sabría contactar personalmente,
en todo caso.

Yo gobierno poco de mi cuerpo
en él soy un tonto turista
tímido pero bien asistido
por guías, artefactos y dineros.
Me presta buenas rutas y posadas,
pocas veces negocia mis solicitudes,
casi siempre a través de remedios
o al dormir o arrepentirse
de no haber aprovechado la estadía.

Sé que el cuerpo me quitará los recuerdos
que se los llevará a la tierra, como alimento.
Así que lo único que siento
que debo hacer con este cuerpo
es lo que hacen algunos familiares o enfermeras
por sus abuelos o pacientes
con la comida:

Mascarla un momento
para que el viejo pueda tragarla
ya con varia de la tarea hecha.
Solo tengo que ayudar a mi cuerpo a morir,
entregárselo bien mascado a la muerte,
facilitarle su digestión descomponiéndome.
Aunque eso no esté del todo
bajo la sombra de mi voluntad desnutrida,
haré lo mejor por esperar y no pretender
que tengo que plantar en vez de consumir.


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