21 abr. 2010

Sueño y puta.

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Soñé con una rubia de rostro incógnito o desfigurado de la cual estaba enamorado. Éramos amigos y hasta la había visto desnuda, una vez le toqué el vientre y el borde inferior de las tetas. Al día siguiente la sorprendí con otro hombre, rapado, moreno y de gesto benigno. Le pregunté qué sucedía y se disculpó. Al día siguiente estaba conmigo en mi casa almorzando y sentimos estruendos afuera, salimos de la casa y nubes verdes nacían atronando de la fábrica cercana a nuestro pueblo, la cual este rodea y depende de. Va a explotar y explotó y tras segundos de observación sublime nos refugiamos en el subterráneo contra tornados de mi casa volviendo a salir diez minutos más tarde y verificando que podíase subir ya sin problemas ni amenazas climáticas. Declaré a mi amor a aquel rostro sin rostro, y disculpeme por no haber certificado antes mis intenciones amorosas. Recibí aprobación y consumose el encuentro en follaciones rápidas pero eterno y tanto más que luego a un paseo por la ladera de la cordillera nos fuimos, topándonos de improviso con una inundación de las tierras bajas, que no alcanzaban la cota que recorríamos, permitiéndonos ver un espectáculo catastrófico pero benigno considerando que no habían poblados en el paisaje más que al nivel o más arriba de nosotros. La ola pasó por el valle y arrasó sutilmente con las plantas y pasto y pocos animales que flotaron dando la impresión de que sanos y salvos encallarían más al sur. Una ola que pasaba tranquila por las tierras vírgenes. Un equipo de protección social se acercó pronto advirtiendo las venideras dificultades mientras el agua aparecía desde el subsuelo humedeciendo el pasto y las hojas secas que ya no crujían sino que se doblaban. Nos abrazamos yo y la espléndida sin rostro queriendo consumar el fin inevitable pero los funcionarios del orden nos advirtieron y ofrecieron una casa que recién habían asegurado, la cual ocupamos cómodamente y fosilizó nuestra antigua rutina sin rostro.


Tengo que ir a buscar la batería que dejé cargando anoche en una vulcanización cerca de villa Francia, espero caminando y me siento expatriado y turista, los forjadores del chile actual son los que le quitaron su identidad pasada, es triste y tanto ser parte de ello. Si Dios ha muerto, hagamosle una autopsia, y qué tan desagradable ha sido. La batería está lista y con ella me doy una vuelta por el puente de lo errázuriz esperando que realidad se haga el dato que me contaron de que acá se ponen putas menores de edad y que por lo demás cobran de cino a ocho mil la chupá o la cacha o quien cacha qué. Pasando a las nueve al comienzo no encontré nada pero hice horas tomando pilsen por ahí cerca hasta las doce. Partí de nuevo y recogí a una desfigurada joven que dudas sucitaba sobre su edad pero no sobre lo usada que estaba. Converso poco y estacionamos en calle lateral a la carretera, adentrándonos en un pastizal oscuro. Me chupa el pico y la llevo de vuelta sintiéndome avergonzado y paranoico por cuándo y dónde me condenarán por esto. La culpa se disipa andando rápido por las carreteras de vuelta a la casa de mis padres que es mi única casa hasta ahora. Recuerdo bien su rostro y su dureza, su expectativa fría de que terminara su trabajo y la angustia y querer que termine yo también rápido para satisfacerla y que no se degrade conmigo demorándome tanto.

En mi casa pregunto a la nada qué estará soñando mi familia, me saco la ropa mientras subo la escalera, doblándola en mi brazo con cuidado y sinismo. La cuelgo en la baranda de la escalera y toco mi pico, no es necesario una paja que concluya la noche, no es necesario llamar a quien sea que no tengo ofreciéndole una noche de mierda o de sexo que nunca o que ninguna posibilidad con eso. Lo suficiente es que en ese puente lejano y barato aterrizó mi germen y mis enfermedades, burladas por condón y tanto que nos mantiene fieles a la salud de nuestras esposas. Perdón, Daniela.

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